Puebla de los ángeles al pie de los volcanes

EL INFORMADOR. Tertulia del sábado 30 de agosto, 2014.— 
La ciudad de Puebla y los volcanes al alcance de la mano.
La emoción iba a la par con la expectativa del paisaje rumbo a Puebla de los Ángeles. Poco antes de llegar a Río Frío, entre un paisaje boscoso, apareció por el Sur entre un cielo azul, las sienes nevadas de lo que es la cabeza de Iztaccíhuatl, la mujer dormida e inactiva que bien puedo ser una diosa que ahora estaba rodeada por unos velos con los que cubría sus vergüenzas recostada en su propia montaña y a cierta distancia del viejo volcán que fumaba ese día en son de paz, también rodeado de otras nubes que jugaban alrededor de la poca nieve que lo cubre para que mantenga así su buen humor y el peligro se contenga hasta que un fatídico día no pueda más y escupa lava de fuego por todos lados.

Llegamos al corazón de Puebla —hacía tiempo no la visitaba— para descubrir otra ciudad, una en donde dicen que habitan “cinco millones” de personas (en realidad son poco más de tres) y que de todas maneras ya cuentan ubicados en unos magníficos desarrollos en la periferia como es la Hacienda de La Noria con sus centros comerciales, choperías y casinos, rodeados de edificios de departamentos con más de veinte pisos sobre el nivel de la calle.

Pero el corazón de la Puebla colonial se mantiene de manera ejemplar. De qué manera disfrutamos caminar por el Centro como si estuviéramos en el siglo XVIII, con todas sus calles más que limpias, refulgentes, en donde han respetado todas las fachadas que además, están perfectamente bien cuidadas con sus patios y fuentes que borbotean como la de la Librería Profética de José Luis Escalera, un caserón que ha restaurado y convertido en un centro cultural de primera con su liberaría y una biblioteca de primera abierta al público.

Al amanecer —después de una tromba que cayó la noche anterior—, estaba todo despejado: un cielo azul transparente y, al poniente las dos majestuosas montañas tan cerca que casi las podíamos tocar desnudas, con sus copetes blancos, y la fumarola del viejo Popocatépetl sobre un fondo azul pálido con tres guiñapos de nubes pasajeras merodeando por las alturas, antes de convertirse en en girones de velos transparentes.

Puebla ha logrado mantener su historia y sus valores —que ganas de que así hubieran respetado a la ciudad de Guadalajara—, como es notable la limpieza de toda la ciudad en general. En la periferia los desarrollos urbanos verticales del primer mundo para los millones de las nuevas generaciones que viven con toda clase de necesidades con varios servicios urbanos como el Metrobús o sus necesidades culturales como se llevan a cabo en el Complejo de las Artes o, su actividad deportiva con los Pericos en el beisbol.

En Puebla han resuelto la lucha entre lo antiguo y lo moderno y han mantenido su identidad: la modernidad en la periferia y el resto tal como estaba. Punto. Cada cosa en su lugar aunque los desarrollos están hechos con la frivolidad de estas generaciones donde el tiempo que les queda libre lo ocupan paseando por los centros comerciales.

Puebla tiene un buen nivel económico: 50 años de la VW, una industria ejemplar; varias universidades y un observatorio astronómico importante. Estas nuevas generaciones son los que atienden una agenda cultural que coexiste con la vida metropolitana y sus satisfactores. Todo parece que en Puebla conviven esos dos aspectos, como convive su Centro colonial y una periferia moderna sin conflicto alguno.