viernes, 22 de agosto de 2014

Muladar urbano

EL INFORMADOR. Tertulia del sábado 23 de agosto, 2014.— 
Ecatepec, Edo. de México
Cuando sale uno desde el Sur de la ciudad de México por la terminal de Tasqueña para ir al Bajío, no nos queda otra que soplarnos ese paisaje urbano que tanto nos duele y del que hay que estar fuerte para no deprimirse después de ver cuadras y cuadras con casas de ladrillo gris que siempre tienen en construcción algo a medias y que, más bien, parece un muladar.

Cuesta trabajo entender cómo y por qué viven así miles o millones de personas sin que puedan dedicarle un poco de tiempo con sus habilidades para mejorar su hábitat (a lo mejor porque están agotados), pero todo parece que no les importa vivir en un chiquero, descuidado, sucio, con azoteas llenas de charcos y abarrotado de cosas inútiles: llantas, bacinicas, un triciclo oxidado, baldes y bolsas de plástico con más porquerías.

Y uno piensa en lo básico, eso que no tiene que ver con el dinero sino de una actitud frente a la vida como la que debieron inculcarles sus padres. No puedo menos que contrastar este viaje con aquel otro que hicimos por España en los 70’s —cuando era “más barato ir que no ir”, como decía un amigo yucateco— y recorrimos el Sur asombrados de esos pueblos de campesinos con sus casitas encaladas (por las señoras), relucientes y limpias, algunas con geranios en la ventana donde uno se imaginaba a sus habitantes como unas personas dignas, flacos y enjutos, tal vez y pobres, sí, pero que vivían y dormían como grandes señores en una casa limpia por dentro y por fuera.

¿Qué nos pasa en México? ¿Esperan que “alguien” venga y les arregle su cochinero? ¿Qué sea Salubridad la que los multe y forcé a limpiar sus casas? ¿Cómo pueden vivir en medio de ese mugrero? No vi ratas pero no lo dudo que husmeaban entre esa miseria.

Me sentí como Dante cruzando el Purgatorio cuando cruzamos Ecatepec ubicado en el centro industrial más importante del país, sin poder creer lo que veía: miles de casas de “desinterés social”, cajones a medio construir que cuando seguro consiguieron el crédito, antes de aplicarlo… se lo bebieron o pagaron lo que debían o vaya usted a saber qué, pero todas están a medias con sus varillas y castillos al aire, oxidándose, hasta que en la otra vida (o sexenio) traten de nuevo para concluir ese cuarto si es que las varillas sirven aunque las hayan tapado con el casco de un refresco para protegerlas del agua.

Es un tema que tiene que ver con esa otra EDUCACIÓN (así con mayúsculas) como esa que recibimos directa de nuestros padres o de una sociedad como sucede en otras partes de este mundo, excepto en México, en donde parece que no nos importa vivir en un muladar en donde se mete el agua de la lluvia, poco ventilado, en donde viven hacinados, sin que puedan descansar, sino más bien vivir angustiados entre las goteras y unos trapos en las ventanas sin que nadie se preocupe por arreglar su vivienda, mucho menos, limpiarla para hacer de ese espacio algo más amable.

Ojalá las nuevas generaciones aprendan a limpiar su casa, encalen las fachadas y tiren las miserias que los rodean para que podamos imaginar que hay esperanza de un círculo virtuoso en donde vivir en un muladar no sea parte de nuestro Destino.

Cuando, de pronto, se abre el paisaje campestre y vemos el «verde que te quiero verde» por la lluvia del verano, respiramos hondo y sabemos que esta vida puede tener otro sentido.