jueves, 14 de agosto de 2014

Una charla entre amigos

EL INFORMADOR. Tertulia del sábado 16 de agosto, 2014.

La cita fue en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes en la ciudad de México el miércoles 6 de agosto a las 19:00 horas cuando, invitado por el CONACULTA y el INBA el arquitecto Andrés Casillas de Alba ofreció una Charla entre amigos que prometía ser todo un evento porque es raro tener la oportunidad de escucharlo hablando y describiendo, como lo hizo esa noche de una manera sencilla, informal, anecdótica y con ese sentido del humor como el que tiene cuando explica alguna de las soluciones que encontró en cierta obra, algunas de ellas construidas en la ciudad de Guadalajara durante los 70’s cuando vivió en esa ciudad.

La teoría arquitectónica no le interesa tanto como la práctica de la arquitectura y, más que eso, el de poder habitarla y vivirla. Por eso, decidió mostrar las fotos de algunas de sus obras y describirlas narrando el cómo y el por qué la diseñó de esa manera.

Empezó con la casa-estudio del pintor Pedro Coronel cuando Inés Amor lo invitó para que lo hiciera con toda libertad mientras que Pedro estaba en Roma. Cuando la había terminado invitó a Luis Barragán para que la viera y cuenta cómo el arquitectos se puso a caminar en el patio de la entrada de un lado para el otro hasta que de pronto le dijo: “me hace falta algo aquí…” y con eso tuvo Andrés para cambiar la ubicación de la escalera de entrada para que la fachada se convirtiera en una obra de arte.

Durante la charla hizo un recorrido de sus obras en el tiempo. Como su hermano menor, conocía varias de ellas desde que las estaba proyectando, admirando desde entonces el respeto que tiene por la Naturaleza y por el contexto, como lo comprobamos con las casas y el Club de la Peña que hizo en Valle de Bravo en donde se incorpora al sello de ese pueblo que tenía sus casitas de teja, columnas de madera y fachadas encaladas y, respetando eso, logra que sus casas sean una muestra de una arquitectura moderna con soluciones que perduran más de cuarenta años de haber sido construidas.

Mientras lo escuchábamos, confirmamos lo que escribió Juan Palomar en el libro que publicó la Secretaría de Cultura de Jalisco (2006) en donde se pregunta: «¿Qué queda después de recorrer la obra de Andrés Casillas? El reflejo de las ramas de un Amate sobre la tensa superficie de un estanque oscuro, una estancia de vasta y, extrañamente, íntimas proporciones que parece aguardar la precisa hora del tequila y los amigos; ciertas fachadas que se recortan contra el cielo y que parecen decir algo que hemos olvidado.»

Entre las casas que presentó está la que habito en Tlalpan hace 25 años con ese impulso a vivirla y a estar en la sala de doble altura, antes de pasar al comedor-biblioteca de altura simple dando al Sur y la fronda de una Jacaranda cubriendo el patio que tiene una azalea majestuosa y una fuente donde llegan los pájaros impúdicos a refrescarse. Aquí, el Tiempo se convierte en espacio.

Nos reímos con Andrés cuando dice que aquellos que atrevan a subir las escaleras para los tinacos y sus torres lo hagan «una vez que hayan comprado un seguro de vida…» Y así, terminó la charla para ver cómo es que ha coronado esas torres que son «una metáfora de lo terreno y lo aéreo, de lo que pasa y va quedando», como escribió Palomar.