miércoles, 20 de agosto de 2014

Una producción sorprendente de Don Giovanni

INFOSEL. Crónica cultural del jueves 21 de agosto, 2014.—

Doña Elvira y Don Giovanni en la versión de la Royal Opera House.
Digo que es sorprendente tanto la dirección de Kasper Holten como todo lo demás: el reparto con Mariusz Kwiecien como Don Giovanni; Alex Exposito como Leporello y un bajo como el Invitado de piedra extraordinario; las mujeres que lo rodean, Doña Anna (Malin Bystöm) y Doña Elvira (Veronique Gens), bellas y con grandes voces; ni hablar del escenario diseñado por Es Devlin veramente sensacionalle, pues nos ofrece el estado de ánimo de la obra en cada momento; el vestuario fantástico de Anja Vang Kragh no podía ser mejor y, todo esto, con la música de Mozart, el libreto de Da Ponte y la orquesta de la Royal Opera House dirigida por Nicola Luisotti. No puede uno más que decir más que bien valió la pena y dar gracias que en México podemos ver estas producciones a través de las pantallas de algunas salas de Cinemex que han contratado estas transmisiones desde Londres.

A toda acción corresponde una reacción igual y en sentido contrario, dice una de las leyes de la física que, sin duda, inconscientemente aplicamos en la vida, sobre todo por ese complejo judeo-cristiano que nos han inculcado cuando nos divertimos —fuera de las reglas—, esperamos la reacción con un castigo parecido, pero en sentido contrario.

Esto es lo podemos comprobar en Don Giovanni en donde parece que tarde o temprano las deudas que paga, como proponía Antonio de Zamora que sabía que No hay plazo que no se cumpla, ni deuda que no se pague o El convidado de piedra que luego Mozart y su libretista Lorenzo da Ponte (un libertino veneciano), lo convierten en un drama jocoso, en una acción cómica y seria a la vez, compuesta en dos actos con algunos elementos sobrenaturales.

La ópera se estrenó en Praga en 1787 (dos años antes de que muriera Mozart) y está considerada como una de las mejores óperas compuestas en la historia de la ópera, pues además de esos momentos que cautivan musical y emocionalmente, siempre está presente la acción y la reacción, como la maldita dualidad que viven las dos mujeres entre la emoción y el gusto de ser seducida y la angustia o la furia de ser abandonada o la liberalidad y los valores morales.

Don Giovanni se mete en problemas desde el principio pues después de haber seducido a doña Ana, la hija de don Pedro, el Comendador y prometida de don Octavio, trata de escapar y los gritos de doña Ana —que no sabemos bien si son por cubrir las apariencias o por coraje—, hacen que se despierte don Pedro quien, enfrenta al galán y el seductor lo hiere de muerte. Por otro lado, la desesperación de doña Anna es total mientras que Leporello el sirviente de Don Giovanni se queja de estar hasta el gorro de cubrir las aventuras de su patrón y, al mismo tiempo, las disfruta y le encantan. Una vez más la dualidad.

Más claro no puede ser: se van sumando las culpas por haber engañado a 2,065 conquistas que ha hecho en su vida como nos enteramos que ha logrado ese récord que Leporello actualiza todos los días con las conquistas de su patrón:

Señorita —le dice Leporello a doña Elvira, una de las seducidas y abandonadas—, este es el catálogo de las bellas mujeres que ha amado mi patrón; es un catálogo que yo mismo hice. Ponga atención y lea conmigo… en Italia, seiscientas cuarenta; en Alemania, doscientas treinta y una; cien en Francia; en Turquía, noventa y una; ¡ah!, pero en España, ya son mil tres… Entre estas hay campesinas, camareras, ciudadanas, condesas, baronesas, marquesas, princesas… hay mujeres de toda condición, forma y edad, como lo canta en una plaza de Sevilla.

Don Giovanni engaña a medio mundo y medio mundo se deja engañar por este hombre obsesivo que está dispuesto a todo con tal de aumentar la lista de su catálogo. Es un enfermo, es un obsesivo compulsivo sexual. Por eso, en un momento dado, iniciando su decadencia, se encuentra la escultura de piedra del Comendador —como uno de los elementos sobrenaturales de esta ópera—, en la tumba y lo reta para que venga a cenar en un desplante de valor.

El convidado de piedra llega a su casa musicalmente contundente: su llegada anuncia el pago completo del saldo de su deuda. Ahora es el invitado le pide lo siga y le de la mano para hundirse no en los infiernos, sino que en esta versión, a quedarse sólo e impotente. Había llegado el plazo, como si fuese esa verdad no escrita que intenta recuperar los valores morales, castigando la liberalidad de nuestro actos.

Hoy jueves es la última función en algunas salas de Cinemex (20:00). Ojalá se animen (4 horas) porque bien vale la pena verla, pues han logrado algo que nunca antes lo había visto tan claro: el aspecto humano de todos los personajes.