En esto ver aquello

INFOSEL. Crónica cultural para el jueves 25 de septiembre, 2014.— 
Edward Hopper (1882-1967), el cuadro en la Sala Boari y la soledad urbana.
¿De qué manera pudo compartir Octavio Paz sus experiencias y crear un diálogo entre sus textos, las obras de arte y el espectador? En esto ver aquello que es la exposición-homenaje a los cien años de su nacimiento (1914), volvemos a encontrar ejemplos donde se «revelan las afinidades electivas de Paz, expresadas en sus escritos sobre arte…», mismas que nos vuelven a sorprender tanto por la extensión como por la profundidad con la que logró conectarse con los artistas y sus obras hasta el mismo día que estaba viviendo para que sus lectores pudiéramos asociar y conectar cómo es que se alimentó en esta especie de flujo y reflujo como el que se da cuando somos capaces de aceptar y disfrutar diferentes maneras de interpretar la vida y lo que nos rodea.

Qué fortuna haber estado con él en marzo de 1990 cuando inauguró la exposición Los privilegios de la vista con esta misma selección de obras y de artistas sobre los que había escrito sus ensayos y poemas, jugando con lo que ellos proponían, en un ir y venir como las olas del mar y como ahora las podemos volver a disfrutar En esto ver aquello, en esta exposición que volvió a armar el CONACULTA y que el INBA ha curado en las salas del Palacio de Bellas Artes, para tener la misma sensación, veinte años después, con una mejor perspectiva, pues hemos incursionado en algunos de esos textos de Paz.

En aquel entonces fue asombroso ver cómo habían logrado reunir en el Centro Cultural Arte Contemporáneo, A.C., que estaba en Campos Elíseos y, cuando todos, es decir, el presidente Carlos Salinas de Gortari, el Tigre Azcárraga (1930-1997), las autoridades de la cultura del momento y los pocos afortunados o happy-few que estuvimos allí y esperamos un discurso frío e intelectual de Paz, resulta que el poeta decidió declarar públicamente su amor y pasión por Marijo su esposa y Musa que lo había inspirado toda su vida y con quien había experimentado lo que después describe como el amor cortés en La llama doble, declarando que en el árbol del amor la sexualidad es la raíz, el tronco es el erotismo y el amor es la flor.

Nos quedamos boquiabiertos al escuchar esto improvisado y medio desparpajado discurso amoroso que sólo un poeta como Octavio Paz pudo expresar ese día de fiesta, sobre algo que fue tan importante en su vida como fue experimentar el verdadero amor y asociarlo con las artes plásticas.

Ahora, a la entrada de la sala La sonrisa de Eros, podemos ver uno de los videos en donde Paz narra su historia de amor y nos muestra a su joven Musa, una muy atractiva mujer, en medio de la selva, como las que hay en la India en donde la conoció en los años 60’s, como una más de las esculturas de esas diosas frondosas, cachondas bailarinas, como las hay en esas latitudes —y que podemos ver en esta sala—, que ejemplifican esa sonrisa del erotismo.

En esto ver aquello es otra muestra de obras de arte puestas en once pequeñas salas en donde aquello es lo otro que tenemos recóndito y por eso, con esta visita, cerramos ese círculo virtuoso que él trazó hace veintitantos años, agradeciéndole al poeta sus explicaciones que permiten a los espectadores atar cabos.

Es admirable la manera en la que Octavio Paz jugó con el arte (el hommo ludens que juega y establece reglas de juego), mientras recorremos las piezas y las obras privilegiadas por poderlas volver a ver como él las vio en su momento y las analizó desde diferentes puntos de vista, así como, la manera en la que se alimentó para escribir inspirado por los surrealistas, un poema circular que corre como el agua de un arroyo, rebotando entre las lajas de piedras, girando y enrollándose mientras llega a su fin en esta curaduría.

Por ahí había rescatado en Las trampas de la fe lo que leía Sor Juana, como si él también se viera reflejado en ese espejo y la curiosidad como tenía esta monja sobre la obra de Kircher (Athanasii Kircheri), sobre el magnetismo y su famoso tratado Ars magna lucis et umbrae que luego asocia en el primer pasaje de su poema Primero sueño que habla de la linterna mágica diciendo:

Piramidal, funesta, de la tierra
nacida sombra, al Cielo encaminaba
de vanos obeliscos punta altiva,
escalar pretendiendo las Estrellas;

Y si recorremos la sala denominada la Apariencia desnuda con Marcel Duchamp, vemos una fotografía que nos desconcierta tal como escribió Paz de este quien ha sido causal del parteaguas en el arte contemporáneo: «su obra está sustentada en el humor, la provocación y la transgresión como formas de pensamiento…» Paz resultó ser un aventurero, un descubridor que encuentra las raíces de los artistas, como a Dechamp de quien nos dice que «es una variación —una más— de un tema tradicional del arte y el pensamiento de nuestra civilización. El tema es doble: amor y conocimiento; su objeto es uno: la naturaleza de la realidad. Variación en el modo metairónico: el amor que nos lleva al conocimiento, pero el conocimiento es un reflejo apenas, la sombra de un velo transparente sobre la transparencia de un vidrio.»

Antes de pasar a ver la sala de El cubismo y Picasso o el cuadro de Hopper que bien vale la pena sentarse… —¡por fin, en esa sala pusieron una banca para poderse sentar y disfrutar las obras con calma y ojalá, alcanzar a vernos reflejados en esa soledad tan urbana y, a un lado, las obras de Motherwell (en la Sala Adamo Boari de la planta baja del Palacio) que nos deja perplejos por la fuerza y la capacidad que tuvo Paz de integrarlo a su catálogo de artistas y de obras de arte tan a tiempo, tan en su propio siglo cuando todo parece que se llevaba a cabo aquello de amar a tiempo y desatarse a tiempo, como decía Renato Leduc.


Si puede, no se pierda poder tener el privilegio de esta vista y en esto ver aquello.