Festival de libros y lectores

INFOSEL. Crónica cultural para el jueves 4 de septiembre, 2014.— 

El poeta Fernando Pessoa que ahora es lo que estamos leyendo.
El Fondo de Cultura Económica (FCE) celebra esta semana sus primeros 80 años de vida (1934) y para eso, han organizado un Festival del Libro y sus Lectores y una Feria del Libro Latinoamericano que se llevarán a cabo del 3 al 7 de septiembre en las instalaciones del Fondo allá en la carretera Picacho Ajusco que lo van a trasmitir en vivo y en directo a la Librería José Luis Martínez del FCE en Guadalajara.

El recuerdo de esta editorial con la que en los 80’s formamos el Grupo de los Diez para ver si así librábamos la batalla de la micro editorial asociada moralmente con las grandes como era esta y Siglo XXI, frente a la hecatombe producto de las devaluaciones y la inflación galopante provocada por José López Portillo. Por eso ahora que celebran sus 80 años, me han movido ese tapete que tiene que ver con los libros y los lectores, despertando a esa memoria y volviéramos a intentar saber cómo es que nos convertimos en lectores y de qué manera, en esta segunda parte de mi vida, ha sido que vivo a su alrededor de ellos desde que era estudiante en Guadalajara y nos íbamos a estudiar a la casa de Luis Arriola Woog en Chapalita, echados de panza en la biblioteca de una casa hecha por el arquitecto Luis Barragán (1902-1988) que, desde entonces, tanto el espacio, como los libros entraron al sistema circulatorio hasta llegar al corazón de mi vida. Tal vez esto ha sido más bien una especie de Libro o Biblioterapia que me ha permitido aceptarme tal como soy y a la realidad, tal como es.

¿Cómo fue que empezó todo esto? Ahora, los que ya somos abuelos, tratamos de convencer a los nietos para que disfruten de los libros y de la literatura y, por eso, vuelve uno a esa misma pregunta cuya respuesta es un misterio, como es ese origen por el gusto a los libros y a la lectura que nos permitió descubrir esos mundos donde vivimos las aventuras de los protagonistas que, de alguna manera, deseábamos fueran las nuestras, para conectar lo qué leíamos con nuestros deseos y con la curiosidad que deseábamos satisfacer sobre esos asuntos de la vida o de la muerte o del despertar del sexo.

Para Luis mi amigo y sus diez hermanos, leer en francés o en español era un asunto natural, pues desde que nacieron mamaron en esa biblioteca de doble altura esos libros tan bien cuidados y colocados por país que cubrían todo el muro a un lado del piano de cola y un tocadiscos con las obras completas de Bach y Mozart (Beethoven era considerado un poco vulgar), mientras que, otros amigos de Guadalajara con los que iba al Country Club, no leían nada y siguen sin hacerlo.

Finalmente me doy cuenta que la literatura era mi verdadera vocación y que la fui alimentando con el deseo de escribir que, por fortuna, es un oficio que he podido ejercer, publicando un par de novelas, una crónica de Chapala, treinta y siete apuntes de las obras de Shakespeare, dos versiones de los Sonetos de Shakespeare y otras cosas por ahí, así como, participar desde hace catorce años en este gimnasio semanal en donde practico con estas crónicas para mantenerme en forma.

Una cosa lleva a la otra y el Festival del FCE que organiza Pepe Carreño fue lo que me motivó para tratar de encontrar, una vez más, la llave de ese cofre donde se guardan el tesoro de todas esas historias y la sabiduría detrás de los ensayos —como los famosos Breviarios del Fondo— para que, poco a poco, haya podido disfrutar de la lectura con esa sensación de felicidad como cuando nos “repantigamos en el mullido sillón” —como dice Gil Gamés— y viajamos de la mano con Madame Bovary o el señor Swan.

Para iniciar a los jóvenes se requiere que conozcamos qué es lo que les interesa en ese momento: si es el despertar del sexo o los deportes y las carreras de coches o de caballos, el tenis, las vacaciones, las aventuras o el mar (como a un amigo de Guadalajara fueron los libros de Jacques Cousteau (1910-1997) que, tal parece, fue lo único que leyó en su vida… bueno, leer, leer, ¡no!, pero sí ver las fotos y los pies de foto…) o para conocer mejor la vida de nuestros abuelos con la curiosidad familiar que me llevó a reconstruir la vida de Maclovia Cañedo (1859-1933), la divina Cova, como le decía Ixca Farías, hasta que terminé escribiendo la novela Confesiones de Maclovia (El Equilibrista, México, 1995) antes de entrarle a la vida del General Ramón Corona que fue contemporáneo de la abuela a quien le leyó las cartas españolas para predecir su muerte trágica, como lo relato en Las batallas de General (Planeta, 2002).

¿Qué es lo que más nos interesa? Esa es la pregunta que tenemos que contestar para empezar a leer y descubrir todo ese universo que gira alrededor de nuestras pasiones.