Mi señor Marco Polo

INFOSEL, Crónica cultural para el jueves 11 de septiembre, 2014.— 

Marco Polo (1254-1324).
Durante la Feria Latinoamericana que organizó el FCE la semana pasada, llegue al mostrador de Cuba para preguntarles sobre esa obra que en 1984 traté de publicar y no pude hacerlo. Se trata de una de las obras de prosa más bellas que he tenido en mis manos. Se trata del Elogio de Marco Polo escrita por el cubano Félix Pita Rodríguez (1909-1990), un texto que me propuso Eraclio Zepeda hace treinta años, texto que llegamos a levantar galeras y corregirlas hasta dejarlas listas para diagramarlas. La crisis me agarró de la mano como la del chango y tuve que dejar de publicar libros, como este o la del brasileño Ignacio de Loyola Brandao (1936-): Zero, novela prehistórica que ahora es famoso.

¿Cómo es posible que treinta años después siga pensando en el texto de Félix Pita Rodríguez y lo tenga en la cabeza como si fuera uno de esos jardines con plantas y flores cuyos olores nunca se olvidan? Ahora tengo en mis manos esas galeras corregidas y decido convertirme en el escribano «Rustichello» de Félix Pita Rodríguez y copiar línea por línea, disfrutando de cada una de ellas, hasta que lo termine y quede listo —a fines de este año— como un homenaje a los dos señores de las letras: Marco Polo y Félix Pita Rodríguez con quien respiro hondo cuando leo esto:

«Mi señor Marco Polo:
»Desde mi más temprana adolescencia. puse en ti, singular estrella errante del cielo más alto, mi admiración y, por tanto, mi amor más puro. Tan diamantina esa admiración y ese amor, que hoy, cuando ya estoy andando los caminos que cierran el círculo, en vez de encontrarlos declinantes o del todo apagados —como está en la condición humana que ocurra— los hallo dentro de mí tan lozanos como ayer y con raíces aún más profundas que las de entonces...»

Marco Polo (1254-1324) es aquel joven veneciano que un día salió de viaje con su padre, un mercader valiente y arriesgado con quien llegó hasta el reino de Gran Kahn para convertirse en su representante. Muchos años después, de regreso a Venecia en medio de una guerra con los genoveses lo toman preso lo meten a la cárcel en 1298 en donde cuenta sus viajes y aventuras que hizo por el Oriente hasta el corazón de la China del Kublai Kahn. Como compañero de celda le toca el escribano Rustichello de Pisa, a punto de quedar libre —después de catorce años de prisión—, quien decide quedarse para escuchar y escribir a Mester Marco hasta terminar las historias que luego se publicaron como Los viajes de Marco Polo o El libro de las maravillas o El libro del millón (porque decían que eran un millón de mentiras).

La obra se divide en cuatro libros: el primero, describe las tierras de Oriente Medio y Asia Central que Marco Polo pasó rumbo a China. El segundo habla de China y de la corte de Kublai Kan. En el tercero se describen varias regiones de Oriente: Japón, India, Sri Lanka y el Sudeste de Asia, así como, la costa oriental de África y, en el cuarto y último libro, trata de las guerras que mantuvieron los mongoles y describe su paso por Rusia.

A partir de la lectura que hizo Félix Pita Rodríguez, aislado en la isla de la Cuba revolucionaria, se pone a escribir su Elogio de Marco Polo y nos conmueve saber que el autor nunca salió de la Isla y veía la luz del atardecer mientras escribía sus textos desde el amanecer, como le sucedía a Rustichello porque tal vez, el confinamiento —como decía—,nos abre esas puertas mágicas:

«Nadie en el siglo XIII, ni después, tenía ese don de la ubicuidad que nos obliga a imaginarlo en varios lugares a la vez; y su rostro cambiante con cada día vencido; y hasta su voz, que nos fuerza a escucharla otra en cada nueva tarde. Y, sin embargo, nadie más temporal, más de carne y de huesos que él.

»Sacándose de adentro las maravillas que le repletaban, los demás hicieron burlas de esa grandeza porque eran incapaces de abarcar y a sus espaldas, le aplicaban el remoquete de Marco Millón...»

Cuando en realidad lo que dominaba Marco era un saber contar las cosas porque veía lo que estaba a su alrededor y describía lo que estaba detrás de los sucesos con esa capacidad de asombro como la que tenía en esos viajes que pocos, muy pocos, habían realizado en el siglo XIII.

Como Félix Pita Rodríguez luego encontramos a otro gran escritor: Italo Calvino y sus Ciudades invisibles en donde utiliza a Marco Polo el veneciano para que le describa al poderoso Kublai Khan (y de pasada a nosotros), cada una de las ciudades que dice haber visto en ese otro juego mágico como es que nos permite hacer la literatura y que crece en sentido exponencial en cada ciudad que vamos conociendo.

Entre una cosa y la otra he vuelto a caer en los brazos de la imaginación y, por amor al arte y de estos hombres que tienen el don de la poesía y aplican su imaginación, quiero compartir este avance de una obra que es parte del universo de los libros y de la letra escrita.