viernes, 31 de octubre de 2014

La muerte según Ove Knausgaard

Tertulia de El Informador para el sábado 1 de noviembre, 2014.— 
Karl Ove Knausgaard y el éxito de la saga de My Struggle en seis libros.
«Para el corazón la vida es algo sencillo: late tanto como puede. Luego se detiene. Más pronto o más tarde, un día, las palpitaciones cesan de golpe y la sangre empieza a correr hasta llegar a una parte baja del cuerpo donde se forma un pequeño charco visible desde el exterior: una macha parda, suave y oscura bajo la piel blancuzca mientras los miembros se endurecen y el intestino se drena. Esto sucede despacio y de manera inexorable durante las primeras horas, como si fuera un ritual, como si la vida capitulara de acuerdo a ciertas reglas de caballeros en donde los representantes de la muerte no entran en acción, aunque siempre están listos para hacerlo, hasta que la vida se retira. Entonces, invaden el nuevo paisaje y, a partir de este momento, la invasión es irreversible. Grandes cantidades de bacterias atacan y se infiltran en el cuerpo sin detenerse, cosa que si lo hubieran tratado unas horas antes, habrían sido rechazadas; sin embargo, ahora todo a su alrededor yace en calma y pueden cavar cada vez más y más profundo en esa bóveda oscura y húmeda…»

 Estas son las primeras palabras que escribió Karl Ove Knausgaard (1968-) en su Primer Libro de My Struggle (Mi Lucha) que empezó a escribir en el 2009 y lo siguió haciendo durante tres años seguidos a un ritmo de veinte páginas diarias, sobre su propia existencia (El País, 17/04/2014) mientras intentaba superar una crisis creativa y la trágica muerte de su padre, fallecido después de haber bebido cantidades industriales de alcohol junto con su abuela senil e igualmente ebria, pocos meses antes de que Karl cumpliera 40 años de edad.

Knausgard siguió escribiendo hasta concluir esto que es una saga en seis volúmenes «escritos con una lucidez existencial y una honestidad sanguinaria como resultó ser la serie titulada como My Struggle, un título que escogió por una pura y simple provocación.» Tres años es un fenómeno editorial en Escandinavia y en el mundo anglosajón en donde «se le ha comparado con Proust o W.G. Sebald en donde parece que ha roto la barrera del sonido de la novela autobiográfica.»

Viene a cuento porque en estos días celebramos el día de los muertos y qué mejor que empezar con esta descripción brutal anatómico-literaria sobre el tema principal de estos días como es «la muerte», esa realidad inapelable, ese rito que empieza en el momento que deja de latir el corazón, hasta la descomposición de ese cuerpo que hacía momentos estaba calientito y palpitaba.

Lo demás es parte de la «realidad imaginada» como sucedió en el México prehispánico cuando realizaban una ceremonia mientras incineraban al cuerpo inerte y mientras subían las llamas, la familia observaba el fuego, preparaban sus tortillas con frijoles y unos buenos tragos. Mientras ardía la pira, lloraban y cantaban canciones tristes hasta que recogían las cenizas, las colocaban en una urna junto con una piedra jade que era su corazón.

Estos días se repite de alguna manera esa ceremonia que la UNESCO ha registrado como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad (2003) y que sucede la primera noche de luna llena del mes de noviembre y los familiares visitan los cementerios, les ponen la comida que le gustaba para ver si aprovechan el permiso de los dioses y visitan a sus parientes vivos en la tierra.

Fecha en la que recordamos a nuestros muertos y, de pasada, nos vemos reflejados en las tumbas donde perdura el silencio y la oscuridad.