lunes, 27 de octubre de 2014

Los jardines desde la academia

México, D.F. a lunes 27 de octubre, 2014.-


NOTA: después de haber publicado dos artículos inspirado durante la estancia en México de José Tito Rojo, me permito publicar este correo que aclara varias cosas que tiene que ver con su oficio y que, además, lo considero muy interesante por todo lo que nos cuenta sobre el oficio y esos jardines tan admirados, confirma la modestia y la pasión de este hombre por lo que hace y eso, es más de lo que puede uno desear. 

Dice así: "Leo en tu blog las notas tan deliciosas que dedicas a los jardines, con el regalo de estar mi presencia. Mil gracias.

"Quizás una mínima aclaración... Estimado, no soy responsable de los jardines de la Alhambra. No, por suerte. La Alhambra es una realidad compleja gestionada por la Junta de Andalucía y tiene en su personal fantásticos equipos de jardineros. Usando el término como tú lo usas en tu blog. En sentido profundo y amplio. Jardineros todos, tanto los que a pie riegan y cuidan las plantas, como los que gestionan los jardines o diseñan sus cambios.

"Yo trabajo en la Universidad de Granada. Tengo excelente relación con la Alhambra y sus jardineros, pero mi relación con sus jardines es "digamos" lateral. Los estudio. Cierto que a veces he "trabajado" directamente en algunos temas para la Alhambra. Pero siempre mediante convenio Alhambra-Universidad. Así por ejemplo en los cuatro años que estuvimos estudiando el Generalife y cuando hicimos la restauración del Patio de la Acequia, proyecto que firmamos conjuntamente Manuel Casares y yo, de la Universidad, y el que entonces era arquitecto de la Alhambra Miguel Ángel Céspedes. Eso fue ya hace diez años. O cuando estudiamos, ya más recientemente, en 2009-2010, el arrayán de la Alhambra, una especie rara de mirto del que localizamos unos pocos pies centenarios, un delicioso vegetal que era el empleado en toda la Alhambra en época árabe y que poco a poco se fue perdiendo, incluso de la memoria. Tuvimos la suerte Manuel y yo de encontrar unos textos y dibujos del siglo XVI que lo describían y, ya más que suerte diría yo milagro, pudimos encontrar en la Alhambra y el Generalife esos pies centenarios (dos solamente) que se habían negado a desaparecer.

"Ese mirto (arrayán, en Granada a los mirtos les llamamos arrayanes) es casi una reliquia. Ahora lo estamos reproduciendo y cuando tengamos un buen ejemplar os lo mandamos. Verás que es una preciosidad, muy oloroso, denso de follaje, y muy diferente de los mirtos normales, con la hoja mucho más grande y, lo que ya es más raro, con las hojas de tres en tres, en vez de estar de dos en dos como en los mirtos normales.

"Y sí, me considero jardinero. Más que investigador, más que profesor, más que botánico y desde luego más que paisajista.

"Es una pena que hayamos renunciado a la defensa del jardín. Hoy ha vencido la palabra paisaje. Incluso en los comités científicos. Fíjate, yo estoy en el Comité Científico Internacional de Paisajes Culturales del ICOMOS. Al principio se llamaba de "jardines históricos", luego de "jardines históricos y paisajes culturales", hoy sólo de "paisajes culturales". Con la excusa de que el jardín es un micro-paisaje. No es exactamente cierto. Es verdad que hoy la palabra paisaje vende más, es más políticamente presentable, parece menos elitista, más democrática. Pero yo no estoy de acuerdo. En el paisaje se está, en el jardín se vive. Y el jardín es en el fondo más democrático, nos iguala a todos. El tiempo en que estamos en un jardín, sea nuestro o ajeno, sea público o privado, es un tiempo de apropiación, el espacio se nos regala, creamos un tiempo de utopía en el que tienen prohibida la entrada los agobios cotidianos, las relaciones de poder, las estructuras sociales, las crisis económicas. Paseamos en un jardín como si fuéramos príncipes. Cierto que el jardín no puede sustituir la realidad, ni elimina los problemas, ni los agobios, pero si crea un ámbito donde la realidad se detiene. Un espacio-tiempo de vida plena. Limitado, cierto, por los límites del jardín y por las servidumbres de entrada y salida. Pero intenso, insustituible.

"En el Paraíso del que fuimos expulsados había un ángel con espada de fuego que nos impedía la entrada como castigo al pecado. El jardín no es el Paraíso, es mejor que el Paraíso, nadie nos impide la entrada, seamos pobres o ricos, justos o pecadores. Y, si hay un ángel en la puerta, lo que hace es impedir que entren dentro del jardín la corte de miserias cotidianas. El tiempo del jardín es el tiempo del placer, de la belleza, del sosiego.

"Forestier, el paisajista francés famoso, se denominaba a sí mismo "jardiniste". Bella palabra. Me reconozco en ella. Aunque en castellano jardinista suena mal, prefiero jardinero, es más rotundo, menos enfático, más modesto. Soy jardinero porque soy hombre de jardines, afortunado desde que los descubrí, me cambiaron la vida. Estudio jardines, restauro jardines, hago jardines, leo y escribo de jardines... y además me han permitido conocer gente maravillosa. Es cierto, la gente que gira alrededor de los jardines suele serlo. Me ha abierto el horizonte. Yo antes de descubrir los jardines (cielos, en 1989, hace ya tiempo, una vida) apenas había salido de España, ahora no paro de viajar.  De visitar jardines, de dar conferencias de jardines, de hacer informes, de planificar arreglos... Soy feliz.

"Bueno, hay que decirlo, os he conocido a Catalina y a ti gracias a mi pasión por los jardines. Está todo dicho.

"Soy incorregible. Comencé dándote las gracias por tu blog y al final me ha salido una novela.
Perdona la lata.

Un abrazo a Catalina. Dile, por favor, que no he olvidado su propuesta de colaborar en el arreglo del jardín de la casa Barragán. He estado de viaje estas semanas (lo confieso, viendo jardines en Sicilia), pero estoy estudiando fórmulas que lo hagan posible. Le escribiré esta misma semana.

"Abrazos, Pepe Tito, jardinero."