martes, 18 de noviembre de 2014

El factotum de la ciudad

INFOSEL. Jueves 20 de noviembre, 2014.

Isabel Leonard (1982-) como Rosina, en la ópera bufa de Rossini.

Cuando don Basilio canta explicando cómo podemos desembarazarnos de las personas que nos hacen mosca, lo hace para ver si convence al Dr. Bartolo de dañar su enemigo lanzando una calumnia que pudiera afectar moral y psicológicamente hablando a su contrincante en los amor por Rosina, sobre todo, si declara una falsa acusación.

La calumnia debe ser como «un vientecillo, un aura gentil, insensible y sutil que, hay que soltar con ligereza como si lo estuviéramos murmurando y que pronto, poco a poco, se levanta del ras de suelo y empieza en voz baja, silbando para que ir corriendo y zumbando por los oídos de la gente donde se introduce hábilmente, aturdiendo las cabezas e hinchando los cerebros. Después que sale de la boca, se produce un alboroto que crece y gana fuerza poco a poco, volando de un lugar al otro como el trueno, como la tempestad que, en medio de los bosques, va silbando y atronando de tal manera que nos hiela de horror.

»Al fin se desborda, estalla, se propaga, redobla en una explosión como si fuera el golpe de cañón o un terremoto, un temporal, que hace que retiemble en el centro del aire. Y el infeliz calumniado, envilecido y aplastado por el látigo público, podrá pensar que tendría mucha suerte si mejor se muere… ¡Ah!, ¿qué le parece?»

La estrategia que parecía correcta aunque nunca se lleva a cabo y sólo es parte de un chaparrón que cae en el segundo acto de la ópera de Gioacchino Rossini (1792-1868) que compuso en 1815 basado en el libreto de Cesare Sterbino, a su vez, basado en El barbero de Sevilla de Pierre-Agustin de Beaumarchais (1775), como también lo había hecho Mozart con la segunda parte de esta obra para componer Las bodas de Fígaro en 1786.

La obra de Rossini fue estrenada como Almaviva o la precaución inútil el 20 de febrero de 1816 en el Teatro Argentina de Roma y, desde entonces, se le ha considerado como «la más bufa» de todas las óperas. Este sábado podremos disfrutar de la transmisión en vivo que hace el MET de Nueva York con Isabel Leonard como Rosina, la joven objeto del deseo del viejo Bartolo quien dice ser su padre pero que, en realidad, es su Tutor que desea casarse con su protegida, al tiempo que el conde de Almaviva la pretende, en esa época, en donde ser noble —como ahora ser rico— tenía sus ventajas sociales frente a ese viejo doctor que trata de engañar a los demás.

El conde juega a estar enamorado o, como se diga, de la joven Rosina y para lograr conquistarla se deja asesorar por Fígaro, el barbero de Sevilla que dice ser el factótum de la ciudad —¡ah!, que sensacional sentirse como él—, pues conoce todo lo que pasa en Sevilla y, en particular, todo lo que sucede en la casa de Bartolo de quien es su barbero.

Para quedar bien con el Conde —y recibir una buena propina—, lo aconseja mil maneras para que logre conquistar a la joven Rosina. Entre otras cosas, porque dice que siempre le gustan los finales felices, como los de la comedia.

El celoso Dr. Bartolo toma sus precauciones para evitar que Rosina se escape con ese otro que anda rondando por ahí, llevando serenatas y se pronto, subiéndose al balcón para besuquearla disfrazado como soldado o como profesor de canto tratando de enseñarle una canción muy cursi aprovechándose para agarrarle la mano mientras el barbero le recorta la barba al viejo que bien sabe que si la descuida, pierde.

Es una comedia de disfraces y estrategias más o menos al borde del fracaso hasta que Fígaro y el Conde de Almaviva logran entrar por la ventana con una escalera y el Conde le confiese a Rosina quién es realmente —y no ese otro Lindoro que no existe. Cuando ella se da cuenta que es un Conde el que viene por ella, ¡bingo!, se le lanza a los brazos y tratan de escapar por la misma ventana pero Basilio ya se ha llevado la escalera y don Bartolo ha salido en busca de la policía, al tiempo que llega el Juez acompañado de Fígaro para casar a la pareja con un atónito Basilio como testigo, antes de que Bartolo llegue con la policía exigiendo a gritos que arresten a su barbero y al personaje que lo acompaña.

Como muchas cosas en la vida, llega tarde cuando ya han celebrado la boda. De esta manera queda comprobado que tanta  precaución fue inútil, como lo sabíamos desde el primero de los títulos de esta ópera y el Conde, gracias a los consejos del factótum, evade todas y cada una de sus precauciones con toda clase de riesgos, algunos de ellos ridículos, hasta que se la lleva al río a Rosina, como si obedeciese esa ley que bien dice que «a toda acción, corresponde una reacción igual, pero en sentido contrario», o algo parecido a esto.