viernes, 7 de noviembre de 2014

La resistencia para dejar el poder

EL INFORMADOR. Tertulia del sábado 8 de noviembre, 2014. 
Tom Hiddleston como Enrique V en The Hollow Crown.
No cabe la menor duda que una buena obra de teatro es el mejor simulacro de la vida, tal como lo proponía Mario Vargas Llosa después de haber visto El año del pensamiento mágico con Vanessa Redgrave. Ahora con The Hollow Crown o La vacía corona, la serie con este título tomado de Ricardo II cuando se da cuenta que ha sido derrotado y les pide a sus compañeros sentarse para «hablar de tumbas, de gusanos, de epitafios… sentémonos en el suelo y contemos tristes historias sobre la muerte de nuestros reyes… todos asesinados. Porque dentro de la vacía corona que ciñe las mortales sienes del Rey es donde habita la muerte…»

El episodio de esta semana —que podemos ver hoy y mañana domingo en Film&Arts—, trata sobre la vida de Enrique V y es el penúltimo episodio de las tres obras históricas y cronológicas escritas por Shakespeare que empieza por Ricardo II, seguido de Enrique IV hasta terminar con Enrique V, su hijo mayor.

Digo que es el mejor simulacro porque cuando vimos las dificultades de Ricardo II para entregar la corona y el poder después de haber sido un fracaso en la gestión del reino de Inglaterra, él se sentía Rey con todas las de la ley y la aceptación divina, tal como lo creían en el medioevo, sin poder ver la realidad real, mucho menos, darse cuenta lo mal que llevaba su gobierno hasta que llegó Enrique Bolingbroke quien junto con otros nobles le exigieron que abdicara y entregara la corona.

Un simulacro que se parece a las dificultades que hubo en esta otra vacía corona y poder como fue con el Gobernador del Estado de Guerrero y el trabajo que le costó a Ángel Aguirre renunciar al poder, pues según él, lo había logrado con todas las de la ley, aunque su gobierno dejaba mucho que desear con actos que muestran una total falta de gobierno, una apestosa corrupción como la que aplicaba el rey medieval acusado públicamente de haber «recibido ocho mil monedas de oro a título de paga de soldados para retenerlos con infames propósitos como traidor, falso y villano perjuro que es…» Simulacro de la corrupción donde el Rey estaba metido hasta la corona y era parte de «las maquinaciones que han acontecido en dieciocho años que han sido urdidas aquí…»

Y así, vemos que eso que pasó en 1399 en Inglaterra, tal como lo escribe Shakespeare, de una manera poética, digamos, nos llega hasta el fondo porque se trata de conocer las debilidades humanas como la de los que están en el poder, en donde podemos leer entre líneas y ver el trabajo que les cuesta aceptar sus fracasos y entregar la corona, como al ex Gobernador de Guerrero, abotagado por el alcohol, hecho un Ricardo II, doblegado, sin querer entregar la corona hasta que cae por el suelo derrotado «lleno de resentimiento, con el alma degradada teniendo que someter su orgullo pervertido por el poder.»

Sabíamos de su resistencia para entregar el poder porque habíamos ese otro simulacro con Ricardo II cuando tiene que abdicar y se resiste hasta el último momento: «¡Ay!, si pudiera olvidar todo lo que he sido! ¡Si pudiera detener el recuerdo de lo que ahora he de ser!... baja Rey, baja donde los nocturnos búhos gritan y no canta la alondra de la mañana… todavía no he aprendido a insinuarme, alabar, inclinarme, bajar la cabeza, hincar la rodilla...»