Tratar de entender el vandalismo

México D.F. a martes 11 de agosto del 2014.— 
La matanza de San Bartolomé, 24 de agosto de 1572.
Hace tres años que publiqué una nota en donde David Cameron, el Primer Ministro del Reino Unido condenaba algunas escenas «de vandalismo puro y simple», como las que sucedieron en agosto del 2011 y, por eso, se preguntaba «qué es lo que podría estar podrido en esa sociedad para que sucediera esto… Se trata —decía—, de un colapso moral que afecta a ciertos sectores de la sociedad británica y, por eso, hay que saber cuáles son las causas para diagnosticar la enfermedad y aplicar los remedios del caso.»

Una vez más, en México nos vemos atacados por el vandalismo que también pertenece a la criminalidad pura y sencilla y que, hasta ahora, no ha sido posible conocer sus causas, pues tal parece que cualquier pretexto es suficiente para salir a la calle y destruir lo que esté por ahí. Las causas pueden ser complejas y múltiples y el origen que está detrás de esas actitudes y que ahora utilizan como pretexto los sucesos espantosos como los que hubo entre dos bandas de narcos, utilizadas cínicamente por las autoridades locales. Las causas no son puras ni, mucho menos, sencillas, pero algo debe estar detrás de la actitud provocadora y desestabilizadora.

Comprender la conducta cuando se deja de ser un individuo y se convierte uno en parte de la masa es algo que Freud lo estudió en su Psicología de las masas de donde tomamos estos puntos: «la masa le da al individuo la impresión de tener un poder ilimitado y por eso se convierte en un peligro invencible. Sustituye, por un momento a la entera sociedad, que es la encarnación de la autoridad, cuyos castigos se han temido y por la que nos imponemos tantas restricciones. Es peligroso situarse frente a ella y, para garantizar la propia seguridad, uno deberá seguir el ejemplo de aquellos que sólo observan a su alrededor e, incluso, si es preciso, a poder ‘aullar como los lobos.’ Obedientes a esa nueva autoridad, se calla nuestra conciencia y cede la atracción y el placer que alcanza por la cesación de inhibiciones. No habrá de asombrarnos que el individuo integrado a una masa haga o apruebe cosas que no hubiera hecho en condiciones normales, pero sí podemos esperar que estos hechos nos permitan entender mejor eso que conocemos a través de la enigmática palabra ‘sugestión’».

 Quién sabe cuántos años han pasado para que los púberes, jóvenes y no tan jóvenes que viven en la pobreza y en los dominios del desempleo quieran expresar en estos actos de vandalismo su rechazo al sistema, incendiando coches, edificios públicos y atropellando a quienes protegían su propiedad o intentaban evitar el incendio, como fue lo que pasó en Londres.

Desafiar a la policía y robar todo lo que se pueda estando en la bola es producto de una manipulación efectiva en donde «las inteligencias inferiores son atraídas por las superiores y los individuos, intimados por la multitud, ven coartado su propio intelecto, pues cuando se integran a las masas, disminuye su conciencia y su responsabilidad», como sugiere un experto.

Lo que estamos viendo ahora en Chilpancingo, en Acapulco y en la ciudad de México se parece a lo que vimos en algunas ciudades del Reino Unido, en Brasil o en México poco antes de que se llevaran a cabo las Olimpiadas, como si eso fuese un factor común para desatar a las fuerzas desestabilizadoras que desean darle un calambre al sistema, inclusive en países como el Reino Unido en donde hay una sociedad respetuosa de los derechos humanos y tienen una envidiable calidad de vida, además de ser una sociedad que tolera otras razas, credos y culturas.

Son los provocadores profesionales motivados por un poco o un mucho de dinero de los que les interesa desestabilizar como manera de ganar puntos que parece están combinados con el narco y el crimen organizado, gente que en masa sale y están dispuestos a destruir y saquear centros comerciales, edificios públicos, actuando como si fueran todopoderosos, seres que parecen ser anónimos y que van escondidos mezclados en esa masa con sus máscaras donde ocultan su rostro.

Puede ser su odio a la figura paternal, golpeadora, que jamás les pudo dar una vida digna y ahora se desquitan con esas figuras que los representan. La pobreza y la exclusión social y las dificultades que tienen para integrarse al desarrollo se da, principalmente en los Estados en donde la ignorancia, la pobreza, el tráfico de drogas y el dinero fácil se ha convertido en el modus vivendi, entrenados para aprovechar cualquier pretexto para trastornar, destrozar y desarraigar la paz y la calma de una sociedad que lucha por alcanzar mejores niveles de vida. El producto, entre los destrozos es, por lo pronto, una cierta angustia de no saber cómo se pude detener el vandalismo que amenaza y que, por momentos, no parece tener para cuando.