Y éramos tan felices

INFOSEL. Crónica cultural. del jueves 27 de noviembre, 2014.

Una de las batallas de Ucello de Arnaldo Coen.
Arnaldo Coen recibió el Premio Nacional de Ciencias y Artes 2014 por esa trayectoria artística que conocemos desde hace tres décadas. Su obra es el producto de una experimentación constante, tal como lo confirmó Teresa del Conde cuando escribió que Arnaldo «se mueve entre un lirismo relajado y libre y un deseo de experimentación que parecería opuesto, pero que vivifica con el contacto del fluir gozoso de formas y colores… en donde ‘abre los ojoso y penetra en el reflejo’ igual que le sucedió al fugitivo que llegó a ser espectador y actor en la invención de Morel» —como la novela de Adolfo Bioy Casares (1940).

Tengo la fortuna de haber estado cerca de ese proceso creativo en la década de los 80’s cuando lo conocí y cuando compartimos una etapa de nuestra vida básicamente en el restaurante Los Geranios que era de Alfonso Vadillo y que se convirtió un especie de centro de operaciones en la calle de Francisco Sosa en Coyoacán, donde nos reuníamos cada semana un grupo de amigos a comer y beber los miércoles y a desayunar los domingos cuando aprovechábamos para contar nuestros sueños y las historias que recordábamos entre una y otra anécdota, como la que parece fue contundente y que tenía que ver con la belleza de los atardeceres en Chapala: por eso, Eduardo Matos Moctezuma me bautizó como Homo chapalensis cuando él exploraba, a su vez, la belleza del Templo Mayor y encontraba a la famosa Coyolxauhqui, ‘la adornada de cascabeles’, la hija de la diosa Coatlicue, que estaba en la escalera derecha de la pirámide del templo.

Ahí, pues, conocimos a Arnaldo Coen que, entre otras cosas, en esos años ilustró la Carta de creencia de Octavio Paz en donde el poeta había escrito esto:

Entre la noche y el día
hay un territorio indeciso
no es luz ni sombra
                            es tiempo
Hora, pausa precaria
página que se obscurece,
página en la que escribo,
despacio, estas palabras…
                           Yo escribo:
hablo conmigo
                      hablo contigo.

El mismo Paz decía que «en la obra de Arnaldo Coen no reina el vegetal irregular, como en Baudelaire, sino la geometría: cubos, esferas, conos, sombras, poliedros… no un paraíso terrenal, sino geométrico. Pero un paraíso invadido como por una liana funesta por el deseo. La mujer y su tropa de monstruos encantadores y terribles.»

Arnaldo era parte del Mail Art o Arte Correo junto otros cien artistas del mundo. En esa entonces, utilicé dos de sus ilustraciones como portadas de dos libros de MCA Editores: la segunda edición de Accidentes (1984), unos cuentos de María Luisa Puga, con la ilustración a color de Arnaldo sobre un sello de Jesús Romeo Galdámez de El Salvador y, otra portada con el libro Antes del invierno (Cuentos) (1984) de Eric Nepomuceno, con la ilustración a color ahora sobre el sello de Argemiro Vélez que era parte de esa misma serie.

Cada semana nos reuníamos ahí con Fernando Ortiz Monasterio que trabajaba con los Huicholes y las Mariposas Monarca, un ingeniero experto en ecología y en Sustentabilidad; también iba Rosalba Garza, quien era su esposa y recién nombrada directora de la Casa de Cultura de Coyoacán que coincidió con la publicación del primer número de La Plaza, Crónicas de la vida Cultural en Coyoacán, una modesta revista en blanco y negro que publiqué después de haber cerrado la edición de libros. Por supuesto que también iba Catalina Corcuera, con quien decidimos abrir una pequeña librería a la entrada de Los Geranios y justo el día que la instalamos estaba Carlos Payán ayudándonos a instalar la estantería. No puedo olvidar ese 4 de febrero del 84 cuando celebramos, en una larga mesa y al aire libre, los 80 recién cumplidos de Manuel Álvarez Bravo todavía lleno de vida.

Algunos domingos por la tarde íbamos a ver a Ninfa Santos a su casa que estaba cerca en la Plaza de Santa Catarina y por ahí llegaba la peruana Tania Libertad para cantarle a Ninfa La barca de Guaymas y esa otra que tanto nos gusta en donde la voz cantante empieza preguntándose… ¿cómo será mi piel junto a tu piel, cardo o ceniza?, la canción de Chabuca Granda inspirada en la vida amorosa de Violeta Parra.

Fueron años felices, antes que se encapotara el cielo y cayera el granizo de las separaciones en medio de la tormenta. Mientras, recordamos esa época, como si fuera la película Y éramos tan felices.

Ahora, Arnaldo ha recibido el Premio Nacional de Ciencias y Artes por su trayectoria artística y la noticia brilla en el horizonte de su vida que, como dice Alberto Ruy Sánchez, ha puesto en sus telas unos «cuerpos expuestos ‘a la orilla del tiempo’ que nos muestra que todos somos una geometría, una relación entre los cuerpos, un misterio y una mecánica de las formas, de los paisajes humanos flechados por la arqueada ilusión del color y la recta ilusión de la perspectiva.»

Tal vez, digo por decir, la obra más importante de Arnaldo son Las batallas de Ucello que gestó hace muchos años, cuando vio en el París una de esas batallas y luego otra en Italia, hasta que en el 86, justo después de haber montado una exposición en el Museo de Arte Moderno, las tomó como punto de partida para hacer veintiún versiones en telas de gran formato que no pueden ser mejores.

Qué suerte poder compartir con Arnaldo su felicidad de haber recibido este Premio pues, efectivamente, no hay duda de que ha hecho una excelente trayectoria artística.