El país de las maravillas

EL INFORMADOR. Tertulia del sábado 6 de diciembre, 2014.— 

Lauren Cuthbertson como Alicia en el país de las maravillas.
Si esta noche pudiéramos estar en Londres —¡ah!, qué maravilla poder soñar!—, podríamos asistir al Royal Opera House para ver el ballet de Alicia en el país de las maravillas del coreógrafo Cristopher Wheeldon (1973-), pero, si por alguna extraña razón no podemos estar por allá, aunque haga frío, esperaríamos a que la vuelvan a pasar por Film&Arts, como la pasaron esta semana, para disfrutar un par de horas con esta versión increíble del ballet con el cuento de Lewis Carroll (1832-1898) y, de esa manera, salir de este país y viajar al de las maravillas.

Wheeldon nos cuenta la historia desde el principio con puros gestos y un constante movimiento armónico y no tanto cuando lo hacen a propósito para que disfrutemos de esa historia que va de la realidad a los sueños de mejor manera que si hubiésemos leído.

Pocas veces puedo decir esto, sobre todo, cuando la danza no es lo que más nos puede gustar, pero, cuando uno ve esta puesta en escena, nos enamorarnos de Alicia que, en esta versión para la TV es Lauren Cuthbertson —mejor que la que imaginó Lewis Carroll en el XIX—, esta joven mujer que antes, en y después de que soñara tuvo sus encuentros con personajes que recuerdan a los que vivían en su pueblo, transformados ahora en ese país de las maravillas en donde un Conejo la guía por los laberintos, una Oruga fumadora, ahora un Alí Babá de turbante, nos permite disfrutar de todo lo que estamos soñando hasta llegar a enfrentarnos con el poder de la Reina de Corazones, personificado por Zenaida Yanowsky otra bailarina extraordinaria en ese papel de la todo poderosa y maligna en una deliciosa caricatura de lo que representa y que nos hace reír de a de veras, expresando con calculada torpeza sus movimientos y sus órdenes de decapitar al que se le ponga por enfrente, como si la risa fuese la medida de su maldad. ¿Alguna vez se han reído en un ballet? Nunca me había pasado.

Todo lo que quiere hacer la Reina es cortarle la cabeza a quien se le ponga y, de pasada, enjuiciar a la Sota de corazones, el joven de quien Alicia se ha enamorado en una continuación que se origina en el mundo real para pasar al onírico, en donde vive la misma pasión aumentada porque ahora se trata de un sueño.

La música es de Joby Talbot, la escenografía de Nicholas Wright con varios efectos especiales para que nos dé la sensación de caída libre sin paracaídas, cuando Alicia se queda dormida y cuando despierta y regresa a su realidad real.

El reparto no puede ser mejor y aunque no serían las mismas bailarinas que las que podríamos ver esta noche en vivo, en caso de haber llegado a Londres, las de la pantalla chica son, como ya lo había comentado, Lauren Cuthbertson como Alicia con gran capacidad de expresar su inocencia, bailando, sonriendo y gesticulando para pasar los obstáculos que supera la Yanowsky es la Reina de los corazones que nos hace reír desde que aparece ordenando al verdugo que le corte la cabeza a medio mundo: a los jardineros o tréboles de ese reino que bailan mientras le da el visto bueno a unas galletitas, en medio de piruetas con gran sentido del humor y Serguei Polunin, el compañero de Alicia, quien es el Jardinero en la villa o de Sota de Corazones en el país de las maravillas.