viernes, 9 de enero de 2015

Los sabores de la vida y otros viajes

EL INFORMADOR. Tertulia del sábado 10 de enero, 2015.
Los sabores de la vida entre Estambul y Atenas.
Hemos viajado virtualmente por el mundo y he conocido la belleza de Estambul y Cappadocia en Turquía y, visitamos Atenas para ver de lejos el Partenón monumental. Sí, hemos aprovechado las vacaciones para ver todo esto en dos películas: El sabor de la vida (TV Netflix) o Un toque de canela o Politiki kouzina en el original griego o A touch of spice en ingles. Una obra sencilla, una historia de amor contada con la misma nostalgia (que ya sé a quien le va a gustar) como Cinema Paradiso, en donde pasamos de Estambul —en los 50's oyendo al muecín desde su torrecita—, para pasar a Atenas durante esa infancia inolvidable con el abuelo que le enseñó a su nieto todas las cosas de la vida mientras estaba en el almacén de especias donde pudo entender de los sabores de la vida y del universo: la canela es Venus, dulce como las mujeres; la Sal, le da sabor a todo lo que hay en la Tierra y, la pimienta, es como el Sol, caliente y ardoroso. Además, supo resolver cualquier problema en ‘el baño turco en donde, como los mejillones al vapor, se abren los poros del alma.

La sabiduría del abuelo la absorbió su nieto como esponja y tal vez por eso de adulto es un profesor de astronomía: ‘a la gente le gustan las historias de lo que no pueden ver’, le decía su abuelo y entre tantas cosas se convirtió en un magnífico cocinero que integraba las especias a sus platos, variados y abundantes, y como la ‘gastronomía’ y la ‘astronomía’ tienen las mismas raíces, entonces él integra su historia que nos la cuenta sin complicación mayor, con repetidas escenas familiares, unas al margen sur del Bósforo y otras en Atenas, sin poder evitar que debido a la política turca de los 60's exilian a su padre por ser griego ortodoxo, separando así al nieto de su abuelo, para mandarlos a Grecia en esa separación que es como la muerte y el exilio, en este «ir y quedarse, y con quedar partirse…» que decía Lope de Vega.

Hotel Elkep Evi Cave de Cappadocia, Anatolia.
Otro día nos fuimos a Cappadocia en Anatolia, Turquía con el Sueño de invierno donde la vida y la obra se entrelazan como lo hacía Chéjov en sus cuentos y en sus obras de teatro, ahora con estos dos guionistas turcos: Nuri Bilge Ceylán, (1959-) y su prima Ebru Ceylan, (1976-), que produjeran una magnífica historia contada en poco más de tres horas, filmada en el Hotel Elkep Evi Cave de Cappadocia, en esas habitaciones que eran unas cuevas del Neolítico, incrustadas en la montaña de piedra seca en donde logramos tener, como en ninguna otra parte, una inmersión total en la intimidad de sus habitantes para ser testigos de una de esas tragedias de las pequeñas cosas:

Aydin (Haluk Bilinger, 1954-), es un actor retirado a cargo de este Hotel que su padre había restaurado de las ruinas, para disfrutar de esas habitaciones tan acogedoras, para concentramos en los diálogos y las pausas entre estos personajes chejovianos en un constante choque de egos como el que hay entre el hombre y la mujer.

Ganadora de la Palma de Oro en Cannes (2014), conocemos al viejo Aydin escribiendo su columna semanal, envuelto en una luz amarilla deliciosa, entre sus libros, máscaras y objetos que consiguió antes de retirarse con Nihal, su joven esposa para pensar, escribir y discutir sobre la vida y, si puede un día de estos, escribir la Historia (completa) del teatro de Turquía.