Una muestra imposible: Leonardo, Rafael y Caravaggio juntos

INFOSEL. Crónica Cultural del jueves 22 de enero, 2015.

La escuela de Atenas de Rafael. (Fresco en el Vaticano).
De todo lo que hay expuesto en cuatro salas del Centro Nacional de las Artes (CENART) en Churubusco, el gran óleo de San Mateo y el ángel de Caravaggio fue el que más me impresionó de esto que es una muestra imposible, como lo ha declarado el INBA, una exposición que viene de Italia, con cincuenta y siete obras de arte de tres de los grandes del Renacimiento: ocho obras mayores de Leonardo da Vinci; veinte de Rafael Sanzio y veintinueve de Michelangelo Meresi da Caravaggio en una reproducción digital en alta resolución y a una escala de 1:1, que resulta una esplendorosa exposición de ‘arte virtual’ en el siglo XXI como esas que tanto hemos disfrutando en otras disciplinas, como es la transmisión en vivo de las óperas del MET o de la Royal Opera House de Londres y las obras de teatro del National London Theater.

«Esta exposición —dice Renato Parascandolo— es la gran oportunidad para apreciar, una al lado de la otra, obras pictóricas de valor incalculable, que a veces no son transportables y que físicamente se encuentran en museos, galerías, iglesias o colecciones privadas ubicadas a miles de kilómetros de distancia.»

Por eso vamos a disfrutar de estas obras tan importantes de tres pintores renacentistas que serían difícil —si no imposible—, verlas todas juntas, pues unas están en la Galería de Arte Antiguo de Roma o en los frescos del Vaticano y, otras más, en las Galerías Ufizi de Florencia o en el Museo del Louvre de París o en el algún Palacio de Venecia.

Ahora están en cuatro galerías del CENART como si mágicamente estuviéramos en aquellos museos y galerías gracias al talento de Renato Parascandolo y Ferdinando Bologna que realizaron esta idea que nace en la Radio Televisión Italiana (RAI) para hacer una reproducción digital perfecta —lo pueden comprobar ustedes, como lo hicimos el día de la inauguración—, y una fiel representación del original donde el espectador se ubica ‘virtualmente frente a la obra de arte original’.

Ahí están las más conocidas de Leonardo como es La última cena y La Gioconda (La alegre en castellano) o Mona Lisa, considerado el cuadro más famoso del mundo, como si la estuviéramos viendo en el Louvre, para poder verle esa sonrisa enigmática de una mujer plácida o alegre como le dicen, tal vez por su embarazo; o las de  Rafael como ese fresco titulado La Escuela de Atenas hecho en 1512 como parte de una comisión del Papa para decorar las estancias de Rafael en el Vaticano en donde están todos los grandes hombres que son los protagonistas de la cultura en Occidente: Zenón, Epicuro, Boecio o Anaximandro o Empédocles, Averroes, entre otros más, aunque los que están partiendo plaza son Platón y Aristóteles con sus libros en la mano y discutiendo alguna idea, al lado de Parménides, Sócrates, etc.

Pero Caravaggio, ese rebelde del XVI de quien el pintor van Dijk lo conoció para decir que «después de varios años de trabajo, Caravaggio pasó de una ciudad a otra (Roma, Nápoles, Malta y Sicilia) sirviendo a varios señores. Es trabajador, pero a la vez orgulloso, terco y siempre dispuesto a discutir y pelear, por lo que es muy difícil llevarse con él» y así, podemos ver a Los jugadores de cartas (1594), uno de ellos haciendo trampa o a ese Cupido encuerado y callejero como El amor victorioso (1602) o el cuadro de Judit y Holofernes (1598) donde tengo entendido que la cabeza que está cortando Judit es el retrato de Caravaggio de ese que era considerado ‘indigno y vulgar intruso’.

San Mateo y el ángel. Caravaggio.
Pero de todas estas maravillas, hay un cuadro que está bien colocado en una de las salas del CENART: se trata de San Mateo y el ángel que lo vimos una y otra vez, sin cansarnos pues nos gustó tanto por ese juego que hacer en la composición y el movimiento que tiene, hecho por este artista que era ‘un maestro del claroscuro y de la interpretación del realismo psicológico que perdura a través de los tiempos’.

No sabemos, si Mateo está de acuerdo con lo que le está dictando el ángel que, más que estarlo inspirando, como lo hacen las musas, este parece ser que ha sido enviado por el Señor y con autoridad lo señala con el índice flamígero mientras le dicta algo que tal vez Mateo no cree o no está de acuerdo y que parece que ha venido a interrumpir lo que él estaba escribiendo como esto que rescatamos y que empieza así: En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: Un hombre que se iba al extranjero llamó a sus siervos y les encomendó su hacienda: a uno dio cinco talentos, a otro dos y a otro uno, a cada cual según su capacidad; y se ausentó. Enseguida, el que había recibido cinco talentos se puso a negociar con ellos y ganó otros cinco. Igualmente el que había recibido dos ganó otros dos… (Mateo 24 14-20)

Mateo está a punto de caerse del banco donde está apoyado para escribir y tiene una expresión que hay que imaginar aquello que implica. Pero lo majestuoso de esta obra es su composición: los colores y las formas hechas con un anaranjado que envuelve el cuerpo de Mateo y, por encima, está ese ángel envuelto en un remolino que le da tanta fuerza a la trama del cuadro que bien podrían haber pintado así los colores con esas formas sin que estuvieran las figuras para ser una obra excepcional.

Sí, Leonardo, Rafael y Caravaggio son, en realidad, una muestra imposible.