sábado, 28 de febrero de 2015

El arte del posconflicto


A Rodrigo Castaño,
el amigo colombiano que se nos adelantó

Madrid, España, a martes 3 de marzo, 2015.— Este fin de semana estuvo en su apogeo la Feria del Arte en Madrid (ARCO, 2015) como le llaman, en donde el país invitado es Colombia que llega para mostrar con toda su fuerza ese arte que ha nacido en medio de la violencia mientras resolvían los mismos problemas que tal parece hemos heredado en México: la violencia brutal y el miedo por las extorsiones que provoca el crimen organizado y esas fuerzas políticas como las de ciertos municipios tropicales asociados al narco y acostumbrados a ejercer el crimen con brutalidad.
   Por eso podemos ver en ARCO una obra artística que nos puede escandalizar por el tema obsesivo en la práctica de la violencia como nunca se había visto en nuestra época y que, desde Madrid, nos deprime volver a reconocerlo, impotentes por saber cuántos años tardará en resolverse como les sucedió en Colombia.
   Hay que aprender de ellos y tal vez por eso ARCO tiene sentido. Los artistas han digerido ese tema y, ahora que ya lo han resuelto, lo expresan con tal fuerza que nos sacude el alma.
   Pero, tal vez, lo que importa es ver de qué manera han transformado una realidad en algo más, en tantas versiones como artistas hay que sintieron y toleraron para que ahora esté ahí para que lo veamos interpretado a su manera, como si fuesen imágenes de una pesadilla, de un sueño guajiro, de una visita al purgatorio o a los infiernos como la que hizo Dante primero de la mano de Virgilio y luego, por fortuna, de su Beatrice que lo rescata y lo lleva para que vea lo que nunca antes había visto y para que oiga lo que nunca antes había escuchado.
   Imágenes del infierno y del purgatorio que son a la vez imágenes de un paraíso perdido, en donde lo mejor de todo es que, con la difusión de esta Feria, todo Madrid ha vibrado esta semana con el cristal del arte colombiano en donde habrá exposiciones alternativas como la de la Casa Museo Lope de Vega con una obra de Adrián Gaitán y Carlos Bonil titulada Desnaturalización o, en La Casa Encendida con el Muestrario de José Antonio Suárez Londoño o, en la Casa de las Américas con una exposición colectiva titulada Frente al otro: dibujos en el posconflicto o en el Museo de Thyssen-Bornemisza con una obra de Doris Salcedo y así inmersos en una temática que se refiere a ese país que ha estado creando arte como si fuera un respiro de los colombianos después de haberse quedado engarrotados como nos hemos podido sentir en estos tiempos allá en México.
   Pero también vuelve a surgir la duda de si todo esto que estamos viendo lo podemos considerar como ‘arte’, como esas cosas que presentan Milena Bonilla y Luisa Ungar en el Centro de Arte Dos de Mayo (CA2M). No tengo la respuesta, pero de lo que sí sé es que han logrado interiorizar, cada quien a su manera, una vida angustiosa, copada por el crimen y ese deseo de caminar bajo el cielo azul del invierno sin problemas, porque resulta que la vida debe tener márgenes más amplios en donde pueda uno respirar a fondo.
   No expresan necesariamente la violencia de manera directa, sino una vez que lo han digerido y, también, entre otras tantas cosas, nos hablan de la Colombia llena de sol y de alegría como la que sabemos que hay en México.