De música y plegarias

Madrid, España, a domingo 8 de marzo, 2015.

Juan Sebastián Bach al órgano.
Cada quien tiene su manera de ponerse a mano con la vida. Unos lo podemos hacer a través de la música, como ha sucedido ahora que he descubierto al Auditorio Nacional de Música en Madrid, una sala de conciertos de primera con un órgano monumental en donde, de pura casualidad, puede escuchar al belga Bernard Foccroulle quien ofreció un concierto con música de Juan Sebastián Bach (1685-1750).

Nunca había tenido tal acercamiento (a través de una pantalla) para darme cuenta de las complicaciones que hay para tocar este instrumento, independientemente de lo que implica ya de por sí lanzarse a interpretar la Fuga a 5 pro órgano pleno en mi bemol mayor, BWV 552.2, donde, por fortuna, no enloqueció el organista integrando las melodías que se va intercalando a cinco voces con sus dos manos, dos pies y cuatro teclados: más difícil, imposible.

El resto del concierto fueron piezas breves que son plegarias musicales que compuso el viejo Bach para la iglesia de Leipzig. Por lo pronto, tratamos de entender cómo se puede convertir una plegaria como la del Padre Nuestro que estás en los cielos… o Vater unser im Himmelreich, BWV 682, en música. Bueno, pues lo hizo para que los parroquianos pensaran que, de esa manera sí los escucharían, faltaba menos, aunque las notas se atropellan en el órgano con tal de seguir con la melodía, incluyendo lo que toca con los pies como un especie de bajo continuo.

O la alegría de anunciar que alguien a quien queremos ha llegado, tal como lo percibí cuando interpretó Christ, unser Herr, zum Jordan kam, BWV 684, una obra que tiene una alegría inusitada, como si viéramos a esos niños brincando de gusto por que ha llegado su padre del trabajo para poder jugar con él y, con esa especie de ternura Juan Sebastián, padre de tantos hijos, bien sabría cómo acariciar la melodía para ponernos de tan buen humor en este caso al saber que Cristo había llegado al Jordán.

¿Cómo convertir un mensaje en música? Traté de entender lo que hizo Bach cuando ‘alaba al Señor en las alturas’, que me hizo dudar justo eso de las alturas, ¿por qué no mejor en los valles? Tal vez, porque están reservados para los que vivimos y que sabemos se trata de un ‘valle de lágrimas’: a dos manos y dos pies, Foccroulle nos comunicó esa idea que resultó, un poco más fácil de entender como esa otra que tiene que ver con los diez mandamientos tal como lo interpretó Bach quien como Moisés nos asegura que… Dies sind die heiligen zehen Gebot, BWV 678, que estos son los diez mandamientos de Dios, con un final que asume la presencia del profeta en las cumbres peladas de la montaña, con su enormes barbas que se batían contra el viento, sosteniendo la tabla donde estaban inscritos del uno al diez, sin poder descubrir las diferencias entre el primero y el séptimo, o el décimo, pero que tiene, eso sí, un cierre me nos deja helados.

Cuando cierra el concierto con esa Fuga a cinco, traté, lo mejor que pude, de llevar la cuenta con los dedos de la mano: la primera voz, clara y contundente, la segunda más o menos y creo que hasta ahí llegué porque me distraje viendo podía con la tercera o la cuarta voz de las cinco que compuso con gran delicadeza y con los dos pies en ese tono bajo como corresponde.