Intrigas en la corte de Enrique VIII

Ciudad de México, a sábado 16 de mayo de 2015.-
Thomas Cromwell (1485-1540).
Ya está disponible en Netflix la serie Wolf Hall basada en la novela histórica de Hilary Mantel (1952-) sobre la vida de Thomas Cromwell (1485-1540) con Mark Rylance en ese papel, y Enrique VIII (con el pelirrojo Damian Lewis) de 1530 a 1536.

Cromwell era el hijo de un herrero alcohólico y sádico, de quien escapó para poder estudiar leyes y tiempo después llegar a ser el 1er Conde de Essex, consejero y operador de Enrique VIII, desde que intenta divorciarse de Catalina de Aragón (Joanne Whalley) y al no lograrlo cae en desgracia el Arzobispo Wolsey (1471-1530). Wolsey había apadrinado a Thomas Cromwell, mientras que el Rey bailaba con Ana Bolena (Claire Foy) antes de declararle la guerra al Papa y separarse de la Iglesia Católica Romana para crear y ser la cabeza de la Iglesia Anglicana para que los ingleses tuvieran un solo patrón a quien obedecer y él tuviera el poder absoluto para casarse con quien quisiera buscando al heredero varón con las siguientes cuatro mujeres en fila india.

Cromwell supo andar con el sigilo entre los lobos y supo caminar entre las patas de los nobles que lo despreciaban por ser hijo de nadie. Pero, Cromwell supo entrar a los pasillos del poder, gracias a su talento innato y las habilidades que tenía para sobrevivir, primero a su padre y luego, a la Corte hasta que un día se consolidó en el poder como secretario del arzobispo Wolsey y luego, como consejero del Rey y de la reina Ana Bolena hasta el fatídico 1536 cuando Ana perdió la cabeza textualmente.

Cromwell manejaba los hilos de las intrigas y los tenía como los pelos de la burra y tal vez por eso vemos en esta serie a un estratega que se adelantaba a los deseos de Rey y ejecutaba, sin duda, lo que se le ocurría, tal como lo hizo con los amantes de Ana Bolena, hasta que fue juzgada y condenada, al tiempo que sugería a Jean Seymor (Kate Phillips) como la sustituta en Wolf Hall, la casa del lobo, como se llamaba la propiedad de los Seymor, los nobles ambiciosos que deseaban el poder y que vivían ahí en la región de Wiltshire, al suroeste de Londres.

Nunca se imaginó que el reemplazo sería el principio de su fin en esta serie oscura tal vez porque así era el época y porque todo sucede bajo esa pálida luz de las velas en medio de la penumbra dónde se gestaban sus intrigas y estrategias que lo mantendrían vivo hasta poder vengarse de los asesinos de Wolsey.

Cromwell sabía que a la menor equivocación, rodaría su cabeza como la de Ana Bolena en esa escena del último capítulo, cuando el verdugo traído especialmente de Francia, le explicaba cómo sería antes de verlo cómo lo hace. Si ella se quedaba quieta, no alcanzaría a sentir nada ‘entre una y otra palpitación.’

Como en toda la serie, pasamos a la acción y vemos cómo le vendan los ojos, mientras el sigiloso verdugo se mueve a sus espaldas, descalzo, para sólo escuchar un leve y breve silbido mientras le cortaba de cuajo la cabeza a la reina entre suspiros. Fue  el fin de su ambición, lujuria y vida incestuosa.

 Somos testigos del caso Tomás Moro (Anton Lasser), el viejo humanista, culto e irónico (en la lista de los Santos desde 1980) que, en vida se niega a jurar obediencia a la Iglesia Anglicana y al Rey de Inglaterra, negando la autoridad del Papa, para ser condenado y que Cromwell sufriera por eso, como nunca en su vida.