Capaz de quebrar el fémur de un lobo

EL INFORMADOR. Sábado 20 de junio, 2015.

Un galgo ruso o borzoi como los perros en la novela de Padura.
En agosto de 1940 Leandro Sánchez Salazar, jefe del servicio secreto de la policía en la ciudad de México, le preguntó a Ramón Mercader qué fue lo que hizo su víctima después de que le había dado en la cabeza con un piolet. El acusado contestó que había saltado como si estuviera loco y que había dado un grito que nunca más lo pudo olvidar, algo así como: ¡A... a... h...! Pero muy fuerte —dijo.

Así empieza El hombre que amaba los perros la novela de Leonardo de la Caridad Padura un cubano-español nacido en La Habana en 1955 que hace dos semanas resultó ganador del Premio Princesa de Asturias de las Letras 2015.

Es el autor de varias novelas policiacas donde el protagonista es el detective Mario Conde —homónimo del banquero español— y de otras obras como El hombre que amaba los perros publicada en el 2009, una obra que recién hemos leído para descubrir que, en realidad, el hombre que amaba los perros es el producto o el factor común de tres de los protagonistas de la novela que ha sido estructurada con tres hilos narrativos con los que Padura teje la trama de sus 765 páginas: Iván Cárdenas Marturrel y su perro Truco, un callejero al que le salvó la vida este cubano que llega a conocer la historia que estamos leyendo un hombre bueno contra el que el destino, la vida y la historia se habían confabulado hasta destrozarlo; el segundo, es un catalán nacido como Ramón Mercader del Río (1913-1978) que amó a varios perros: Santiago y Cuba en su infancia; Churro, en la guerra civil e Ix y Dax, los galgos rusos al final de la vida de este hombre que fue entrenado por los rusos para matar y como agente se tuvo que llamar de diferente manera: primero como El Soldado 13, luego, Jacques Mornard, Frank Jacson o Jac, Román Pávlovich y Jaime López o ‘el hombre que amaba los perros’, como le decía Iván cuando lo conoció en La Habana mientras paseaba a dos borzois antes de morir en 1978; el tercer hombre que amaba a sus perros Maya y Azteca era Liev Davídovich Trotski (1879-1940) quien fue la víctima de un complot de Stalin (1878-1953) quien lo exiló, torturó y murió asesinado el 21 de agosto de 1940 cuando vivía exilado en su casa de Coyoacán en la ciudad de México.

La narración del cubano —y posible alter ego de Padura—nos hace ver la vida dura, miserable y constreñida de los cubanos, un espejo deformado de la Rusia de Stalin más la vida del verdugo y de la víctima hecha por un cubano a quien le cuentan todo lo sucedido. La novela empieza mucho tiempo antes del complot y termina con la muerte de los tres protagonistas y la entrega de los papeles que estamos leyendo.

La información de Trotski excede los límites de un lector no especializado pero, creemos que Padura aprovecha para ventanear a la Cuba castrista en esa especie de tiranía estalinista con lo que le cubano se regodea con pelos y señales de esa época siniestra.

Imaginamos ahora a Padura caminando con sus dos galgos de pelambres blancas, moteados de lila oscuro en el lomo y los cuartos traseros, y con el filo de los hocicos, dotados con unas mandíbulas —según la literatura canina— capaces de quebrar el fémur de un lobo.