sábado, 13 de junio de 2015

La alternancia y el poder

El Informador. Sábado 13 de junio, 2015.— 

En el momento de entregar el poder a través de la corona.
Los que tienen que dejar el poder podrían padecer una depresión parecida a la del postparto pero, una vez derrotados, ojalá toquen fondo y acepten su fracaso sin echarle la culpa a los demás. ¿Creen que ahora sí podrán aceptar sus defectos? ¡Qué difícil! Si nos va bien, ojalá se dan cuenta de los errores que cometieron y que acepten que no son dioses, sino unos seres mortales con ciertas limitaciones.

Fueron unas elecciones notables en donde se dieron varias sorpresas resultado de la alternancia democrática que vivimos en México. No lo dudo que a algunos de los que perdieron su corona a lo mejor les dan ganas de sentarse en el suelo y platicar tristes historias de otros reyes que han muerto, como le dieron a Ricardo II en la Inglaterra medieval cuando se enteró que Enrique su primo le había arrebatado la corona y el poder. Sentarse en el suelo. Qué tan deprimido hay que estar para hacerlo así, de pronto, como ese día que caminaba por la playa y vi cómo se sentaba de golpe una mujer en la arena: el mar se había tragado a su hijo y, ella, orinaba su tragedia.

¿Perder el poder es como perder un hijo? No lo sé, pero hay quien enloquece como le pasó al Rey Lear después de haber dividido su reino entre sus hijas mayores —como la izquierda lo ha hecho con sus hijas putativas. El rey Lear se quedó sólo, sin tener dónde caerse muerto y sin alguien a quien gobernar, excepto a su bufón. Después de resistir una tormenta, tocó fondo y, derrotado, entendió lo que era gobernar.

Ricardo II sabía que Dios lo había ungido y por eso estaba seguro que lo defendería con su ejército de ángeles. Nunca entendió por qué había sido víctima de unos soldados apestosos de carne y hueso. Un vez hecho prisionero, aceptó sus errores y se decía a sí mismo… ¿Es música la que oigo? ¡Ja, ja, ja! Qué amarga es la buena música cuando pierde su compás o le falta el ritmo exacto. Lo mismo sucede con la música de la vida de los hombres: aquí demuestro la delicadeza de mi oído, pues me doy cuenta perfecta cuando va a destiempo una cuerda mal templada… Pero, para la armonía de mi propio estado y tiempo, no tuve el mismo oído para darme cuenta que todo estaba fuera de compás…

Qué trabajo cuesta dejar el poder, sobretodo, saber que uno no es todopoderoso como creía que lo era. No puedo imaginarlos viajando en el Metro, pero, si fueran capaces de hacerlo, haciendo a un lado su vanidad, entonces, podrían ponerse en el lugar de los que gobernaba e imaginar qué tendría que hacer para mejorar su calidad de vida.

Ojalá que con la derrota acepten sus errores y no sigan echando la culpa de su fracaso a los demás. Ojalá aprovechen la caída y reconozcan haber derrochado su tiempo y, como Ricardo II, sepan que ahora es el tiempo el que me derrocha, pues ya no soy aquel reloj con el que los demás medían las horas: ahora son mis pensamientos los que hacen que los minutos acompañados por mis suspiros hagan el tictac

Con la alternancia se renueva la esperanza por una mejor gestión y los que mal gobernaron y abandonaron el jardín, sepan el trabajo que va a costar arreglarlo, pues... ¿cómo volver a poner este jardín en su estado regular si está lleno de mala hierba?, tal como lo dicen los jardineros que trabajan todos los días.

Mientras, la rueda de la Fortuna da otra vuelta y nosotros reconocemos que más se aprende más cuando se pierde que cuando se gana.