martes, 7 de julio de 2015

¡No quiero!

México D.F. a martes 7 de julio, 2015.— 

Orestes e Ifigenia en la obra de Alfonso Reyes.
¿Cómo carajos no va a estar ofuscada Ifigenia si fue engañada por su padre cuando la mandó traer a Áulide para casarla con Aquiles sabiendo que en lugar de boda, sería sacrificada, degollada como una oveja, para que la diosa Artemisa propiciara el viento que necesitaban las blancas velas de las negras naves griegas para surcar el Mediterráneo, sitiar, saquear y destruir Troya con el pretexto de rescatar a Helena?

Ay de mí, que nazco sin madre y ando recelosa de mí, acechando el ruido de mis plantas por si adivino a dónde voy, dice Ifigenia cruel de Alfonso Reyes, una mujer que ha perdido la memoria de su vida anterior cuando ya en lo alto de la pira y a punto de se herida por la cuchilla, se la lleva Artemisa, poniendo en su lugar a una cierva, a través del resplandeciente éter hasta la tierra de los tauros… para convertirse en una sacerdotisa que sacrificaría a los extranjeros que lleguen a Táuride.

Margarita González Ortiz es esta Ifigenia cruel en la versión del poema dramático de Alfonso Reyes que dirige Emilio Méndez en la Capilla Alfonsina con la Compañía de Teatro que lidió rinocerontes creada en 2005 para continuar las experiencias de estudio y escenificación del maestro José Luis Ibáñez de la UNAM. La obra se vuelve a presentar el 28 de julio a las 18:00 la entrada es libre.

Quedamos atrapados como pájaros en esas redes de palabras con versos libres nonosílabos declamados con claridad para entender todo y quedar encantados preguntándonos si la venganza genera más venganzas y cómo sería cuando alguien se atreva a romper esa cadena de venganzas como lo hizo Ifigenia para acabar con su destino fatal.

Eurípides escribió Ifigenia en Áulide, la joven que fue sacrificada en esa playa para que, Clitemnestra, su madre, jure vengarse de su marido como lo hizo años después cuando éste llegó acompañado de Casandra como un eslabón más en la serie de venganzas como la que hicieron sus hijos, Orestes y Electra, hermanos menores de Ifigenia, cuando asesinaron a su madre y a Egisto su amante en una venganzas sin fin.

En el poema de Reyes, Ifigenia es la sacerdotisa de Artemisa que ha llegado a Táuride donde sufre por no recordar su pasado y se la pasa acechando el ruido de sus plantas, hasta el día que llega Orestes y conforme adelanta su relato, ella va penetrando poco a poco y sin darse cuenta en sus recuerdos y entre la ternura fraternal y la dulzura de los recuerdos juveniles reconoce que es un brote de la rama maldita.

De pronto, sabe quién es y a pesar de eso, se niega a regresar a su pueblo en donde sólo hay odio y venganzas ancestrales si la imaginación, henchida de fantasmas, no sabrá ya volver del barco en que tú partas, la lealtad del cuerpo me retendrá plantada a los pies de Artemisa, donde renazco esclava y con un ¡No quiero! se queda en Táuride.

Es un final sorpresivo y dicho eso, Ifigenia desaparece de la escena negándose a tomar la rueca casera, a parir brotes nuevos de la familia y ha convertirse en una complaciente esposa alimentada por un príncipe aqueo, como Reyes se negó a regresar al México de la Decena trágica donde había muerto su padre.


Así es como Ifigenia rompe la cadena de venganzas y se queda en Táuride con su memoria recuperada, como Reyes se quedó en España tal como pudimos disfrutar en esta espléndida interpretación que es tan dura y difícil de actuar. ¡Bravo!