Esos que no dejan de preguntar

México D.F., a sábado 5 de septiembre, 2015.— 

El castillo de Elsinore en Dinamarca.
¿Qué es lo podemos dejar sin subrayar de las 1,506 líneas que dice el príncipe de Dinamarca? ¿Qué dudas, incluyendo la existencia del fantasma de su padre, hemos resuelto? ¿Cuál de todas las situaciones por las que pasa, tienen que ver con nosotros? ¿Sería por el complejo de Edipo por lo que estaba tan enojado? ¿Cómo volver a saborear todo lo que escribió Shakespeare en esta obra? ¿Nos contagiará su nostalgia?

Nos podemos sentir abrumados por tantas preguntas pero, de alguna manera, mimetizados por Hamlet, escuchamos lo que él se va preguntando en voz alta mientras camina sin temor por la cuerda floja de su existencia, dudando entre ser o dormir, como si de esa manera pudiera llenar el hueco que se le hizo cuando estaba en la Universidad de Wittenberg y le avisaron que había muerto su padre, para salir volando a su castillo de Elsinore para asistir al funeral de su padre y, un mes después, a la boda de su madre y de esa manera seguir razonando a través de sus monólogos, soliloquios o diálogos, como el que tiene con su amigo Horacio, con esas palabras que le brotan del fondo de su alma con el que puedo haber llenando el hueco, como lo explicaba Martha Reynoso a propósito de su libro La neta de las drogas, donde aclara que ‘adicción’ viene de: ‘a’, sin; ‘dicción’, palabras, y de esa manera tan simple entender por qué algunos utilizan sustancias en lugar de palabras para razonar y llenar los vacíos que tenemos en la vida en donde hay que ‘aprender a vivir en la dificultad’, como un día me dijo Hugo Hiriart.

Horacio le sirvió de espejo a Hamlet ese día que intuyó que le habían tendido una trampa:

—No te imaginas lo mal que está todo aquí en mi corazón —le dijo, después de haber aceptado el duelo con florete.

—Hágale caso a su intuición —le dice Horacio—, y no se preocupe que yo me encargo de disculparlo.

—Nada de eso —le contestó—. Hay que desafiar los augurios. Hay una providencia en la caída de un gorrión y, si ha de ser ahora, no será luego; si no ha de ser luego, será ahora; y si no es ahora, será el día que llegue. Estar preparados, eso es todo…

La historia se lleva a cabo en Elsinore pues Shakespeare sabía que en ese castillo habían pasado su luna de miel la reina Ana de Dinamarca y Jacobo I de Inglaterra, sin importarle que su obra fuese una tragedia.

Flavio González Mello, hizo una versión de Hamlet y la dirige en el Foro Sor Juana del Centro Cultural de la UNAM con el siguiente reparto: Arturo Ríos, Nailea Norvind, Pedro de Tavira, Leonardo Ortizgris, Emilio Guerrero, Fernando Bonilla y Omar Medina. Nos ha creado ciertas expectativas, pues Flavio ha tenido muchos éxitos en cartelera como 1821, el año que fuimos imperio que roló por toda la República.

Hamlet carga con esas abrumadoras incógnitas de lo cotidiano y se le ocurre decir cosas que son difíciles de olvidar, sobretodo, cuando vemos la parte positiva del hombre y nos quedamos anonadados repitiendo:

«¡Qué espléndida obra es el hombre!, ¡qué noble en su razón!, ¡qué infinito en su facultad!; en su forma y movimiento, ¡qué expresivo y admirable!; en su acción, ¡qué parecido a un ángel!; en comprensión, ¡qué parecido a un dios!; belleza del mundo, parangón del reino animal.»

NOTA: pueden leer la crónica de esta obra en Las Historias de Shakespeare.