¡Viva la Mamma!, una obra de carcajada

La Mamma con su hija Luigia.
Estoy seguro que en 1827 Gaetano Donizetti (1797-1848), con sus treinta años, se divirtió componiendo esta ópera bufa que entonces tituló como La convenienze teatrali, una obra hilarante que todavía estará este jueves 1º y el domingo 4 de octubre en el Palacio de Bellas Artes con la compañía de Ópera, ahora titulada ¡Viva la Mamma!, justo después de que Ramón Vargas, el director artístico de la compañía, le pasó la estafeta a Antonio Castro para que dirigiera la escena, cosa que hizo a su estilo hasta tomar posesión de su oficio y aplicar todo lo que sabe para que la obra resultara una comedia en donde nos reímos a carcajadas desde el primer acto, cuando se supone que vemos un ensayo de Romeo y Erscilia y somos testigos de ‘los excesos de unos cantantes de ópera que se comportan mal’, hasta que llega Ágata (Armando Mora, de travesti), la Mamma de Luigia, la segundo soprano, para subir por las cumbres de la comedia y que todos se pongan a tono, como se lo pueden imaginar.

Antonio Castro hizo su trabajo y lo dejaron libre para que pudiera meterle la mano —simbólicamente— a cada uno de los personajes y a cada una de las escenas, adaptando el texto con algunas viñetas tomadas de la vida capitalina para que ¡Viva la Mamma! la hiciéramos más nuestra y que entendiéramos mejor el desfile de vanidades ‘ridículas’, como las que puede haber en una ‘endeble compañía de ópera’, como esas que conoció Donizetti en su tiempo, en donde todos los actores o cantantes se creen ‘divas’ —como le pasó en la vida real a Kathleen Battle (1948-), que se creyó era una diosa hasta que la sacaron de la jugada y nunca más volvió a cantar en alguna de las casas de ópera del mundo.

Romolo ed Ersila personificada por Orlando Pineda como Romolo y primo tenore alemán, trata de cantar con Adriana Valdés, la Ersila de esa otra ópera con esta soprano, pequeña pero vigorosa con una cálida voz hasta que, poco a poco, el ensayo se convierte en una lucha campal entre Lorena Flores como Daria Garbinati, la prima donna, con todo y su marido y agente, Carlos López o Procolo, que la defiende en la competencia con Rosa Muñoz, Pippetta, la otra cantante, para ver quién merecía estar en primer lugar en el cartel.

Vemos en escena al poeta y farmacéutico Cesare Salzapariglia, Alejandro López y al empresario Jorge Ruvalcaba, con el compositor Biscroma Strappaviscere en la persona de Jorge Elezar Álvarez, dando indicaciones que nadie le hace caso, porque están ocupados en darle renombre a sus personajes.

Toda una feria de vanidades, como suponemos que eran —¿o siguen siendo?— los usos y costumbres de la producción de una ópera. La llegada espectacular de Ágata, hace que todo, a partir de ese momento, gire a su alrededor con un travestismo que implica y garantiza la comicidad que nos envuelve para ver lo que es el caos, cuando la Mamma intenta defender a capa y espada a su hija y, de pasada, trata de conseguir un lugar en esa obra, hasta que lo logra, y termina por llevar a todos al caos.

¿Y la música y la letra? En la primera parte está al servicio de la comedia donde cada quien trata de justificar quién debería cantar el aria y quiénes podrían hacer un dueto, mismo que nadie quiere cantar, pues lo que cada uno quiere es hacerlo de manera individual, hasta que en la segunda parte, logran hacerlo cada una de las tres sopranos que canta cada quien su aria en donde saben que pueden lucirse —como sucedía en el XIX— y así, de la nada, Gaetano incluye en su obra tres arias de otros compositores para escuchar Casta diva de Norma de Bellini (una verdadera joya), seguida por una aria de Idomeneo de Mozart y, para terminar, escuchamos asombrados a la joven Adriana Valdés   con una aria de El viaje a Reims, de la ópera bufa de Rossini y todo bajo la batuta y actuación del joven director de la Orquesta como es Iván López Reynoso.

 Hilarante, ágil en su desarrollo, bien engranada en el tiempo y en el espacio, parece que el director de escena Antonio Castro se apuntó otro diez y logró que el público gozara a carcajadas las peripecias sencillas pero bien actuada y cantadas del reparto, como hace años lo había logrado con otra comedia, en ese caso teatral, de la Las obras completas de Shakespeare (abreviadas) que tanto tiempo estuvo en la cartelera.