sábado, 12 de septiembre de 2015

Volver a descubrir a los clásicos


Platón (427-347 a.E.)

México D.F., a lunes 12 de septiembre, 2015.- Resulta que las obras de Platón son el parteaguas de la cultura en Occidente y por eso ocupa en la historia de las ideas un lugar privilegiado y único: privilegiado, porque marca el rumbo de la Filosofía y, único, porque antes de esos diálogos no hay ninguna obra filosófica que sea verdaderamente importante, tal como lo sugiere Carlos García Gual. 

La semana pasada descubro y me sorprendo gratamente ver que Gredos, la prestigiosa editorial española, se ha lanzado al mercado hispanohablante para vender, en los puestos de periódicos, su colección de Grandes Autores de la Literatura a un precio de rajatabla, casi un regalo, con el primer ejemplar $129.90 pesos (7.95€ en España) y el título de Platón con la Apología de Sócrates y sus diálogos más el Prólogo de Carlos García Gual y un Estudio introductorio de Antonio Alegre Gorri, encuadernado en pasta dura con papel ahuesado y 844 páginas, ¡increíble! Por eso, no puedo menos que comentar este descubrimiento del mercado editorial que se lleva a cabo a pesar de que estamos en el ocaso de los libros impresos.

Hay que volver a los clásicos porque, en primer lugar, son una delicia y en segundo, porque casi siempre vienen a cuento y sus propuestas perduran, como es el caso en sí de los diálogos que nos recuerdan la vieja costumbre de conversar sobre temas considerados de ‘pesos completos’, en donde aquellos que no están de acuerdo con nosotros les damos la bienvenida, pues así nos amplían el panorama de lo que conocíamos hasta ese momento. En estos diálogos vemos cómo, a la menor provocación, Sócrates le explica a su amigo eso que quiere saber pero que no se atrevía a preguntar alrededor de algún tema, hasta que toca fondo.

En esas reuniones que añoramos como la dicha inicua de perder el tiempo, tal como decía Renato Leduc, va hilando las cosas para que entendamos lo que trata de explicar aquel viejo ateniense y desalmado, sin que le falte algo de buen humor. 

Por ejemplo, cuando en Gorgias, le reclama a su amigo Calicles por qué alaba a los servidores públicos si son inútiles y, de pronto le dice al darse cuenta que…

—Durante todo este tiempo, no dejamos de darle vueltas a la misma cosa, sin que nos enteremos de lo que el otro está diciendo —(ver página 386) y, sin más, pone el dedo en la llaga de algo que pasa en nuestros días, tal como lo platicaba con Lucía Quiroga —Ejecutiva de RP, de quien soy Mentor—, al darnos cuenta cómo es que se ha perdido la práctica de conversar y que es algo que nadie nos ha enseñado a hacer, mucho menos a ‘escuchar’ lo que el otro está diciendo.

Sócrates habla de los diálogos de sordos y nos encanta descubrir la solución que nos ofrece cuando le dice a su amigo: 

—Pues creí que habías entendido cuando te dije eso y tú aceptaste, como si comprendieras lo que te decía y, poco después, me vienes a decir que en esta ciudad hay excelentes y preclaros ciudadanos y, cuando te pregunto, quiénes son, me dices que, a tu parecer, esas personas adecuadas a la política son Tearión, el panadero o Miteco, el que escribe sobre la cocina siciliana…

Y nosotros pensamos en ‘Cuau’, el futbolista, ahora Alcalde de Cuernavaca o el ‘fanfarrón’ de Trump como candidato a la presidencia de EE.UU., y, por eso, gozamos de haber encontrado este otro paralelismo. 

Tal vez, para eso son los clásicos, ¿o no?