La Historia a través del cristal de la familia

México D.F., a sábado 24 de octubre, 2015.


Cuando terminé de escribí Confesiones de Maclovia (El Equilibrista, 1995), basada en la vida de la abuela Maclovia ‘Cova’ Cañedo, nacida en Tapalpa en 1859, puede hacer propia, de alguna manera, la historia de México gracias a los textos del tío Jorge Palomino que publicó en folio la genealogía de los Cañedo, la familia paterna de la abuela Cova. De ahí tomé algunas de estas anécdotas.

Como esta que reescribo aprovechando que celebran los 200 años de la muerte de José María Morelos (1765-1815) y, por eso, digo que viene a cuento ver la historia con el cristal de la familia para asomarnos a ese micro universo, sabiendo que sus gestos son íntimos como fue el caso de José Ignacio Cañedo el Primer Mayorazgo quien apoyó a los insurgentes y le fue como en feria: lo denunciaron y el 20 de marzo de 1811 el fiscal del crimen, un tal Andrade, dio órdenes para encerrarlo y embargar sus haciendas.

Por estar fuera lo declararon prófugo ‘por el delito de alta tracción’ [sic] y después que lo hicieron prisionero, las autoridades declararon que los bienes de Cañedo ‘deberían ser confiscados conforme a las Leyes en cuanto se declare reo de esos crímenes…’ Para el 10 de febrero de 1811, Félix Callejas se aprovechó, antes de irse para Zacatecas y San Luis Potosí para asistir al fusilamiento público de diez presos, y se llevó la Berlina amarilla de José Ignacio y el inventario de la casa del Mayorazgo en donde anotaron que había ‘tres ventanas a la calle con rejas de fierro y algunos vidrios rotos.’

José Ignacio regresó a la hacienda a principios de mayo y no se cuidó de dar su opinión sobre la situación política. Para junio, los cargos resultaron en su contra y declararon que ‘había servido a la insurrección con fervor y había facilitado recursos a los insurgentes’, en particular al ejército de Miguel Hidalgo para enfrentarse a los realistas el 17 de enero en el Puente de Calderón, ‘entregándole caballos y salitre para la pólvora de sus haciendas.’

Cuando lo hicieron preso, Anastasio, el hijo menor y quien sería el abuelo de Maclovia, tenía diez años y dicen que se quedaba mudo cuando veía a su padre y olía ese ambiente de tristeza en medio de la penumbra del cuarto frío donde se encontraba. Fue testigo de los esfuerzos de su padre por sonreírle y tratar de hablarle del campo y  las buenas cosechas, del ganado y del rocío que se levantaba cuando salía a galopar por los potreros hasta llegar a la orillita del río, a la sombra de un pirú. El 22 de mayo de 1815 murió en la cárcel y lo tendieron sobre un lecho de granadillo con sus grilletes a un lado de su cuerpo.

Meses después sería fusilado en San Cristóbal Ecatepec José María Morelos, sacerdote y militar insurgente y, ahora, para recordar la vida quien propuso los Sentimientos de la Nación y fue héroe sureño de la Independencia, la Sociedad Mexicana de Historia Eclesiástica A.C., realizará un Coloquio sobre Morelos el miércoles 28 de octubre en la Iglesia del Pocito en el conjunto de la Basílica de  Tepeyac de la ciudad de México con varios expertos, como Tomás Pérez Vejo, Cristina Gómez Álvarez, Lourdes Tourrent y, entre otros, Tomás de Híjar, Pbro., sacerdote, erudito y buen amigo tapatío que está a cargo del Templo de Santa Teresa en Guadalajara en donde, seguramente, podremos tener otra perspectiva de la vida de aquel hombre, para entender mejor el pasado.