sábado, 10 de octubre de 2015

La sumisión y el poder musulmán

México D.F., a jueves 8 de octubre, 2015.

¿Qué esconderán detrás de las burkas estas dos afganas?
Bienaventurados aquellos a quienes satisface la vida, los que se divierten, los que están contentos, decía Guy de Maupassant que contrasta con el texto de la más reciente novela de Michel Houellebecq (Anagrama, 2015) titulada Sumisión, en donde nos plantea de qué manera los musulmanes conquistan Francia no por la fuerza, como sucedió en el 711 cuando las tropas árabes y bereberes cruzaron el estrecho de Gibraltar para conquistar el sur de España y quedarse ahí hasta el año de 1492, cuando los reyes Católicos los expulsaron de Granada, el último de sus reductos. Ahora, Houellebecq nos cuenta cómo lo logran esta conquista de manera democrática en pleno siglo XXI.

El libro está escrito con tres coloraturas, como el trípode de los oráculos de Delfos para darnos esas respuestas ambiguas a las interrogantes que le planteamos, mientras vamos conociendo la vida de François, un maestro de la Sorbona, experto en Huysmans, un hombre agnóstico y apático, como era Meursault en El extranjero de Camus que bautizó a su personaje como el vino que ‘evoca una referencia directa a uno de los estilos más primigenios y auténticos de chardonnay’.

François trabajó siete años para terminar su tesis la que tituló: Jaris-Karl Huysmans, o la salida del túnel y tal vez por eso, se refiere a ese autor con uno de los tres colores que usa para describir la vida política y el poder que van asumiendo los musulmanes en Francia. Con otro de los colores, describe su vida sexual, que no amorosa y, el tercero de los colores de esta paleta es el gris de su vida nihilista y aparentemente sin sentido, como su alma, y con esos tres hilos teje una obra bien hilada, carente de amor y pasión, de un hombre que vive dejando que pase todo —laisser faire—, hasta que se doblega y se somete a la oferta que le hacen los árabes en el poder constreñido entre los estrechos muros construidos por los hábitos y costumbres implícitos en esa religión y, en este caso, parte del paquete que le proponen que resulta atractivo económica, religiosa y moralmente a partir que asume el poder como Primer Ministro Mohammed Ben Abbes, exdirigente del Movimiento Musulmán en París.

Michel Houellebecq narra todo esto como si fuera el oráculo del siglo XXI basado en algunas esas cosas que pueden estar pasando en Francia, tal como nos enteramos en El País o en TV euronews en donde, poco a poco, se va hartando de su total ‘libertad’, como la que obtuvieron los franceses desde la Revolución en 1789 cuando era una de las banderas del cambio y que ahora parece estar agotada en manos de este personaje que no le interesa nada, ni ha elaborado su ‘razón de ser’ y vive una vida vacía, carente de sentido.

Prefiere vivir, tal como lo narra Houellebecq, en una sociedad limitada, sumisa y rigurosa como es la musulmana, acotado por sus hábitos y costumbres, en donde alguien más le escoge a sus mujeres una vez que acepta que ‘no hay sino un Dios y Mahoma es su profeta’, disfrutando de la sumisión de las mujeres que esconden su belleza durante el día detrás de sus burkas de seda negra antes de desnudarse por la noche, soltarse el pelo y usar, en la intimidad, la ropa interior la más provocadora que haya en el mercado. El profesor prefiere que se eviten las provocaciones, una vez que se ha convertido a esta nueva religión.