martes, 27 de octubre de 2015

Las batallas del artista

México D.F., a jueves 29 de octubre, 2015.


Todo el mundo está dividido en dos partes... una visible y la otra invisible. Aquello visible no es sino reflejo de lo invisible. Sergio Vela.

Una de las versiones de las batallas de Uccello de Arnaldo Coen.
El rostro y el gesto idéntico de Emiliano Zapata, como si fuera el ‘alter ego’ (o mejor dicho, sin el ‘alter’) de Arnaldo Coen, pululó por la exposición con la que se inauguró la Galería de Seminario de Cultura Mexicana, en un juego que seguro le ha servido a Arnaldo como escudo para defenderse de todo lo que está detrás —invisible— del batallón de emociones y sentimientos, producto de una vida creativa, plena de obras para tratar de entender mejor el mundo. Todos estos cuadros son de pequeño formato jugando con algunas de las estrellas del firmamento de las artes plásticas en donde Arnaldo ha colocado la sombra o el fantasma con el mismo gesto de Zapata —a excepción del de Judit y Holofernes de Caravaggio.

Pero los cuadros que me volvieron a asombrar fueron, por un lado, el de gran formato con una de las versiones de las batallas de Uccello, tema al que incursionó hace décadas, metamorfoseando las figuras del cuadro medieval en símbolos que me entretuvieron tanto desde que llegué a la Galería que me perdí lo que decía en la inauguración el arquitecto Felipe Leal, todo por estar viendo de cerca —como si lo estuviera escaneando—, esta obra que se convierte en ‘la batalla del pintor’, en donde nos dejamos llevar por la magia de los símbolos, como los conejos que vuelan o corren (corre-conejo-corre) por el campo —de batalla— o el soldado que imaginamos herido, transmutado en una gordita desnuda con las patas abiertas, así como, todo el entramado de lanzas —monumentos fálicos de su batalla medieval— que apuntan al cielo o al punto de fuga o al herido de muerte como las que el pintor ha tenido que enfrentar en su siglo en donde transmuta al caballo blanco (como el de Napoleón) o del florentino metamorfoseado por Zeus en otro rapto y por ahí, esos animales, como los cocodrilos de fauces abiertas sobre una bella mujer, que pertenecen a la zoología particular de Arnaldo.

Hubo otras dos piezas que me conmovieron —y lo digo, porque finalmente es lo que espera Arnaldo que suceda cuando expone sus obras y que sea el público el que exprese e interprete lo que él ha trabajado por su cuenta y riesgo—, como fueron los bustos de una bella mujer en diferentes versiones, en donde vemos a una joven de pechos delicados pero firmes con pezones hirsutos, que el artista ha congelado en el tiempo señalando en cada una de ellas un sufrimiento brutal: a una le ha cubierto el rostro para que no pueda ver, oír y, por ser de mármol o de pasta, no pueda hablar; otra, que está tirada en el suelo sin cabeza y que yace a su lado volteada hacía otro lado en un sueño eterno y, otra más, herida de muerte con la cabeza cuadriculada como si le hubieran hecho un holograma por algún neurólogo para señalar su estado o la cicatriz de una herida.

Puesto que no hay bronce, ni piedra, ni tierra, ni el ilimitado mar cuyo poder derrote a la triste mortalidad, ¿cómo podrá defenderse contra su furia la belleza, cuya vitalidad no es más fuerte que una flor? (Soneto 65 de Shakespeare). La belleza y la juventud trastocada en tragedia. A las esculturas les di la vuelta y me daban ganas de acariciarlas como si fuesen de la familia y, a la vez —como el huracán ‘Patricia’ que amenazó complicarnos las vida—, comprobar que efectivamente la belleza de frágil, como una flor, por eso imaginé que estas esculturas eran la expresión de una ‘belleza trágica’, en un despliegue que, para uno de los dos contendientes, como en las batallas de Uccello, es la derrota y, en otro extremo de todo esto, la tercera obra asombrosa son los juegos geométricos de esos cubos transparentes, donde vemos cómo su alma se pierde en su perspectiva, plano tras plano hasta el fin del mundo.

Estas fueron las tres obras que me dieron esa luz que siempre recibo de Arnaldo ahora en esta Anima mundi, Alma del mundo o espíritu que conecta a los seres vivientes o como el alma que se conecta con el cuerpo que cuelga de los muros de esta Galería.