Un cierto maridaje incestuoso

Disfrutar las exploraciones estéticas del artista, si sabemos contemplar lo que nos rodea.

El artista Francisco Ugarte en Profunda atención, 2015.
México D.F., a sábado 3 de octubre, 2015.— Durante el Gallery Weekend del 19 de septiembre pasado, tuvimos la oportunidad de ver en la galería Arredondo/Arozarena de la calle de Praga número 27 los trabajos de Francisco Ugarte, el artista tapatío que tomó posesión de la galería para colocar sus trabajos recientes a los que le llamó Profunda atención, trabajos, que una vez más me han vuelto a asombrar. La galería es una casa diseñada por el Arq. Juan Segura (1898-1989), en donde el artista puedo contemplar con anticipación cada uno de los espacios antes de colocar una obra variada e inspirada, tal vez, en esta cita de Pascal: Toda la infelicidad de los hombres proviene de una sola cosa: no saber estar inactivos dentro de una habitación.

Georgina Arozamena fue nuestra anfitriona y nos explicó cómo es que Francisco había estado ahí mismo viendo todo lo que sucedía en cada uno de los espacios hasta que consiguió, junto con sus Musas, gestar varias y diferentes expresiones, ahora convertidas en obras de arte. Empezamos con los Paisajes literarios, la primera sorpresa que nos hace mover la cabeza, porque nos volvió a tomar desprevenidos con ese maridaje incestuoso con la hermana ‘literatura’ —hermana de las Bellas Artes—, de la que dice Houellebecq nos ‘puede proporcionar la sensación de contacto con otra mente humana, con sus debilidades, con su grandezas, sus limitaciones, sus miserias, sus obsesiones y sus creencias…’, y así, Ugarte, entresacó varios ‘paisajes’ interviniendo 37 páginas de El Extranjero de Camus, redondeando con lápiz los paisajes literarios en donde Meursault sabía ‘lo difícil que es ser uno mismo cuando todos los demás son otros’ —como decía El Roto ilustrando una de sus viñetas en El País—, marcando los textos en cada una de las páginas del libro de Camus que luego recortó y enmarcó para ofrecernos así ‘sus Paisajes literarios’ con otros tomados de El viejo y el mar de Hemingway y de Crimen y Castigo de Dostoievski para que, ojalá, pudiéramos estar inactivos en ese cuarto evitando así la infelicidad.

Leímos lo que dice Meursault cuando llega a donde está el féretro de su madre y, en lugar de dolerse y asomarse a verla, se queda absorto con la luz para decirnos:

Entré. Era una sala muy clara, blanqueada a la cal, con techo de vidrio… llenaba la habitación una hermosa luz de media tarde...

Francisco es minimalista y cuando subimos al segundo piso, vimos cómo es que entra ‘una hermosa luz de media tarde’ por la ventana que da al Oriente y se refleja en un cristal negro del mismo tamaño que ha puesto en el suelo, para poder asomarnos a la negra profundidad en medio del cuarto y ver ese reflejo sutil, fantasmal, que se mueve entre las sombras.

En el cuarto adjunto, el viento actúa sobre una pila con hojas de papel sueltas para que vuelen cuando sople, mientras que, en el otro extremo de ese mismo cuarto hay una puerta entreabierta con una columna de luz que parece que viene del más allá.

En otra sala Ugarte amplificó una marca en tinta china sobre una página de su bitácora que al cerrarla y abrirla se copia para mandarla hacer en grande y, de esta manera, poder ‘estar inactivos’ en ese cuarto y ser más felices cuando sumé los vagos recuerdos de esa calle de Praga de mi infancia capitalina pues, como decía Meursault, a partir del instante en que aprendí a recordar, no me aburrí en absoluto.