domingo, 8 de noviembre de 2015

Compartir experiencias de otros refugiados

México D.F., a sábado 7 de noviembre, 2015.—

Refugiados españoles llegando a Veracruz (1939-1942).    

Tenemos una idea de la cantidad de refugiados que llegan a la Unión Europea, entre ellos, los sirios de clase media y media alta que huyen de su país destrozado por los bombardeos, pero no conocemos su perfil, ni sus habilidades y conocimientos para imaginarnos lo qué podrían hacer en el país que los reciba. De todas maneras podemos compartir la experiencia que tuvimos de 1939 a 1942, cuando recibimos a unos 25 mil refugiados españoles de la Guerra Civil que llegaron al Puerto de Veracruz en el Sinaia, Ipanema o en el Mexique. Entre ellos, había 6 mil hombres y mujeres bien preparados que aportaron sus conocimientos y su trabajo en diferentes ámbitos de la cultura, aportaciones que resultaron ser benéficas para México.

Algunos, apenas habíamos nacido (1941) y, por eso, los conocemos más por sus trabajos, sus libros, obras de arte o películas porque seguramente los hemos visto o asistido a alguna de las instituciones que fundaron como fue El Colegio de México. Algunos de esos nombres los rescato de la lista que publica Wikipedia de una nota que escribió el museógrafo Fernando Gamboa quien les rindió tributo en vida y que, seguramente, los viejos como su servidor, nos suenan conocidos, como Luis Buñuel, el compositor Rodolfo Halffter, la pintora Remedios Varo, el doctor Pedro Bosch Gimpera, el editor Enrique Díez-Canedo, los filósofos Joaquín Xirau y José Gaos; los economistas José Puche y Antonio Sacristán; el politólogo Adolfo Salazar; Pí Suñer, Bernardo Giner de los Ríos y otros hombres como Max Aub, Emilio Prados, Pedro Garfias, Eugenio Imaz, el poeta León Felipe, Otto Mayer Serra o el sacerdote José Manuel Gallegos Rocafull, figuras que tanto hicieron por México.

Por mi parte, les puedo asegurar a los europeos que varios de mis amigos íntimos fueron algunos de esos refugiados, como el querido, ingenioso y adorable Jaime Muñoz de Baena (1921-2015), casado con Amparo Torres, Mentores desde que llegué de Alemania a la ciudad de México en 1964, el mismo mes que nació Martín, mi hijo y un año antes que naciera Claudia, mi hija. Los Muñoz de Baena vivían en el edificio de la ‘Bola’ Creel en Plaza Río de Janeiro 30 con todo y sus hijos, Guillermo y Javier con los que caché pelota en la plaza y de repente los llevaba a Chapultepec.

A su vez, Jaime nos presentó a otros refugiados que resultaron ser muy queridos amigos, entre ellos, la adorable Rosario ‘Charo’ Maroto, esposa de Miguel Ángel Lavín y sus tres hijos: Mónica, la escritora, María José, la artista y Pedro, el comerciante; al poeta y cineasta Jomí García Ascot (1927-1986), a quien le publiqué Con la música por dentro (1981) y una Antología de la poesía antes que muriera. Cuando lo conocí estaba casado con María Luisa Elío y acababan de filmar El balcón vacío (1963). Luego, Diego su hijo, fue el editor de mi primera novela, Confesiones de Maclovia, en El Equilibrista. Todos amigos del alma.

Me pregunto si los europeos podrían aprender algo de lo que hicimos con ellos aunque las condiciones, los tiempos y cantidades son diferentes, bien deberían conocer cómo recibimos a los Niños de Morelia, esos 450 niños huérfanos que llegaron de España para que el Estado los tomara bajo su cuidado ‘con cariño e instrucción’. El año pasado —vi la fotografía en Internet—, se reunieron para celebrar sus buenos 80 años de edad.


¿Les podrá servir de algo? No lo sé, pero por eso pregunto.