viernes, 20 de noviembre de 2015

El erotismo de Lulú, descarnado y crudo

México D.F., a jueves 19 de noviembre, 2015.— 

Escena de la ópera Lulú de Alban Berg desde el MET de NY.

El dramaturgo Fredrich Wedekind (1864-1918) estuvo trabajando veinte años para redactar una obra trágica basada en el erotismo descarnado  y crudo de una mujer a finales del siglo XIX. Cuando la terminó en 1913 le llamó La caja de Pandora. Más adelante la dividió en dos obras: una, El espíritu de la Tierra, en cuatro actos y, otra, en La caja de Pandora para que en 1928 Alban Berg (1885-1935) las tomara para hacer el libreto de su ópera Lulú, una obra que no pudo terminar de orquestar hasta que su viuda, Helena Nahowski le propuso a Arnold Schönberg que lo hiciera, pero, que tampoco se pudo concluir sino hasta después de la muerte de Helena, cuando la tomó el director austriaco Friedrich Cerha para ponerle punto final.

Se estrenó el 2 de junio de 1937 en el teatro de la ópera de Zürich y medio mundo se quedó con la boca abierta al ver todas y cada una de las escenas escabrosas de esta criatura llamada Lulú mientras despliega su capacidad seductora a dos bandas.

En el Prólogo imaginamos estar en un circo alemán en donde hay varias fieras exóticas. Entre ellas una gran serpiente venenosa y que no es otra sino la propia Lulú que nos recuerda a esa otra serpiente que le propuso a Eva le diera de su manzana a Adán, cuando todavía estaban en el Paraíso Terrenal.

En el primer acto, Lulú aparece como la esposa del Inspector de Sanidad mientras posa, disfrazada de Pierrot, para que el pintor le haga un retrato. Pero, ahí mismo se ha creado una tensión erótica brutal, y se le lanza en el momento en que entra el Inspector que, al ver a su esposa en lo brazos del pintor, cae muerto de un infarto al miocardio. Uno-cero.

En el segundo acto, el pintor ya está casado con Lulú, que por lo pronto es viuda y rica, mientras que él le vende todos sus cuadros al Dr. Schön, quien desde hace tiempo, era amante de Lulú. Por lo pronto el doctor decide terminar esa relación; cuando el pintor se entera en primera persona del singular, sin más y ante el fracaso amoroso decide degollarse con una navaja. Dos-cero va el marcador de la seductora Lulú.

Resulta que Lulú es una magnífica bailarina y tiene éxito en el escenario, pero un día se desmaya cuando se entera que el Dr. Schön tiene, por su cuenta y riesgo a una prometida. Lulú le tuerce la mano para que renuncie a su prometida, a pesar de que ella, a su vez y sin preocupación alguna, tiene varios amantes, uno tras otro.

En una escena fatal, se pelea con el doctor y Lulú, sin querer, dispara la pistola que le había dado Schön para que ella se suicidara y el pobre doctor cae mortalmente (Tres-cero) hasta que llega Alwa, el hijo de doctor y ve el cadáver antes de acusar a su madrastra de homicidio y que Lulú sea condenada por veinte años de cárcel.

La Condesa Geschwitz, lesbiana, amante enamorada de Lulú, (Tres-uno) se contagia de cólera para estar junto a ella en el hospital de la prisión para proponerle que huya de la cárcel disfrazada como la Condesa, cosa que logra hacer y Alwa, ahora sí, confiesa que ha estado enamorado de su madrastra desde siempre y trata de ayudarla, pero en el Epílogo, vemos a una Lulú que está prostituyéndose en una calle en Londres antes de recibir a uno de sus clientes que es nada menos que Jack, el Destripador que, por supuesto, mata a Lulú y a la Condesa, antes de que termine la obra (Tres-iguales) y salga de la escena con un ‘gesto displicente’ y nosotros decidimos si aplaudimos o no la puesta en escena del MET con esta ópera de Alban Berg.