viernes, 4 de diciembre de 2015

Todo sucede de otra manera

México D.F., a sábado 5 de diciembre, 2015.—

Antonio Muñoz Molina durante su conferencia en la FIL-2015.
Si queremos que se llevan a cabo los cambios, dejemos esos discursos que prometen resolver los problemas del mundo y hagamos cosas de manera individual —fue lo que capté de Antonio Muñoz Molina en su participación en la FIL el domingo pasado y, para apoyar esta idea, habló de Rosa Parks (1913-2005), la joven de color que, en lugar de andar con cosas, se negó a cederle su asiento a un blanco y moverse a la parte trasera del autobús en el que viajaba en Montgomery, Alabama en la primavera de 1955. Este acto individual fue la chispa que encendió la lucha por los derechos civiles, que duró varios años hasta el asesinato de Martin Luther King, Jr., por James Earl Ray en abril del 68, quien fue el tema de este autor en su novela Como la sombra que se va, escrito con esa narrativa con la que me he conectado con él desde que leímos en el Club de Lectura El jinete polaco, tal como me atreví a comentárselo ahora que coincidimos a la salida de su conferencia en la FIL en donde, bien educado, primero me presenté, como si hiciera falta, antes de agradecerle su Jinete que me movió el tapete con el ir y venir en el tiempo entre dos generaciones y la soledad del escritor con todos sus recuerdos en Úbeda, Andalucía, al tiempo que yo recordaba los míos, en la Tepa de mi padre para rescatar la vida de una generación que arrancó con el siglo XX y contrastarla con la nuestra, nacidos durante o después de la Segunda Guerra Mundial (1941) y que de su parte incluye esos años que vivió atrapado por la dictadura franquista (1945-1977). Escrita con unas oraciones largas sin puntuación que nos deja sin aire hasta que llega la coma mientras nos imaginamos puntualmente eso que sucede mientras lo está narrando.

Muñoz Molina es congruente en su vida como en su obra. Tiene la humildad de los que saben trabajar en la soledad y se arriesgan en cada una de sus obras o en sus artículos periodísticos, pues bien parece que hay algo muy pueril en los primeros pasos de la invención de una historia, o ni siquiera eso, al menos todavía, en el comienzo de una búsqueda que no se sabe a dónde nos llevará, como dice por ahí con la misma energía con la que los héroes legendarios inician la busca del tesoro escondido.

Muñoz Molina aplica el sentido común y se refiere, sin catastrofismos, al presente en donde hay cosas buenas, aunque si dice uno eso, parece ser un reaccionario, pero hay que reconocer las cosas que han cambiado para bien, sobre todo, para los que hemos vivido en la España franquista, en donde las mujeres estaban limitadas y ahora, las vemos en plena acción ya sea en la política, como en la academia o en la empresa —como dijo.

Por mucho que se planeen las cosas todo acaba sucediendo de otra manera —dice en Como la sombra que se va—, y como esta cita hecha sin mayores pretensiones, nos funciona como un espejo y cae como anillo al dedo como cuando nos enteramos que veía películas y leía libros para esconderme en ellos, para quedar absuelto de lo mediocre de la realidad y de mi disimulo y cobardía para darme cuenta que todo esto corresponde a la experiencia personal en donde me veo reflejado, antes de que las cosas caigan por su propio peso.