400 años de Cervantes y Shakespeare

Ciudad de México, martes 5 de enero, 2016.—


Empieza el 2016 un año en donde vamos a celebrar el IV Centenario de la muerte de dos gigantes de la literatura del Siglo de Oro: Miguel de Cervantes Saavedra (1547-1616) y William Shakespeare (1564-1616) que murieron el 23 de abril de 1616, hace 400 años, pero que siguen más vivos que muchos que no han muerto.

Nada mejor para celebrar su vida y sus obras que volverlos a leer y aquel que decida hacerlo, le garantizo tener un éxito rotundo si es uno de sus propósitos del año nuevo, porque estoy seguro que van disfrutar las historias y personajes que seguro andan al lado de sus creadores en los jardines del Olimpo.

Cervantes es el autor de Don Quijote de la Mancha, la primera novela realista en donde conocemos al inolvidable Sancho Panza, un hombre que parece haber salido de la vida real y que nos hace la vida más ligera aunque pasa de tener los pies en la tierra andar como su patrón por los aires, como sucede cada vez que lo volvemos a leer ahora desde las perspectivas que nos ofrece Martín de Riquer en su libro, Para leer a Cervantes (Acantilado, Barcelona, 2003) porque él es, quizás, el español de nuestros días que más se ha «aproximado» a la gran novela de Cervantes desde distintas perspectivas … para los que lleguen a la lectura sin más preparación que su inteligencia y sus deseo de conocimiento, como dice Dámaso Alonso en el Prólogo. 

Sin duda Don Quijote es la novela donde vamos a encontrar todo lo que queríamos saber y no nos atrevíamos a preguntar sobre lo que debe tener una novela como esta, sin la cual no se hubiera desarrollado ese género literario, como sucedió en el XIX con esta obra con la que pasamos unas buenas y entretenidas horas viajando con ese hombre de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro… que había leído todas las novelas de caballería que lo hacen enloquecer.

El otro escritor que murió ese mismo año es William Shakespeare el más grande de los poetas dramáticos que ha habido en la historia y que escribió treinta y siete obras de teatro que tienen que ver con la historia medieval de Inglaterra, o con Roma entre otras tragedias, comedias o últimas obras donde experimenta con la sintaxis, la métrica, la dicción, el uso de repeticiones, el lenguaje figurativo y las propiedades poéticas y verbales intrínsecas, tal como lo explica C.L. Barber. 

Creó una serie de personajes que son nuestros conocidos y que caminan a nuestro lado y a cada rato conversamos con ellos para tener puntos de referencia de su vida que nos permita entender mejor estos remolinos que producen los sentimientos, las pasiones, los amores, odios, deseos de venganza o de conquista como los que describe en su obra.

Hace quince años lo leo y escribo sobre ellos y si puedo, veo lo más reciente como hace poco la película de Macbeth del australiano Kurzel y del 17 al 19 de enero en el Lunario con el Hamlet del London National Theater, bajo la dirección de Lyndsey Turner, la tercera directora que recibió el Premio Laurence Olivier en el 2014, con el londinense Benedict Cumberbatch (1976-) como Hamlet (el actor que hace Sherlock en TV y que hará de Ricardo III en la continuación de la serie en TV The Hollow Crown o El hueco de la corona).


Valdrá la pena aprovechar estas celebraciones para que las nuevas generaciones descubran y disfruten estas historias ya sea esa que empieza en un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no queremos acordarnos, o en la bella Verona, es decir en Tepa para volver a escuchar a Julieta y su poesía que reluce y es parte de esa historia de amor tan corta que parece un suspiro como la vida misma.