¿Habrá muerto cuerdo don Quijote?

Ciudad de México, a sábado 23 de enero, 2016.— 



Moribundo don Quijote voltea a ver a Sancho Panza y le dice: ‘Perdóname, amigo, de la ocasión que te he dado de parecer loco como yo, haciéndote caer en el error en que yo he caído de que hubo y hay caballeros andantes en el mundo…’ Y Sancho, llorando, le contesta: ‘No muera su merced, señor mío, sino tome mi consejo y viva muchos años, porque la mayor locura que puede hacer un hombre en esta vida es dejarse morir sin más ni más, sin que nadie le mate ni otras manos le acaben que las de la melancolía.’

Y con esto que leemos, nos preguntamos junto con Margit Frenk si en verdad don Quijote murió cuerdo, tal como lo resuelve en su libro ‘Don Quijote, ¿muere cuerdo?, y otras cuestiones cervantinas’, publicado por el Fondo de Cultura y que viene a cuento este año porque se cumplen los 400 de la muerte de Cervantes (1616) en la casa donde vivía en Madrid, un año después de haber publicado la Segunda Parte del Ingenioso Caballero Don Quijote de la Mancha, en donde éste termina muriendo.

Cervantes sabía que iba a morir, tal como lo escribió en el Prólogo de Los trabajos de Persiles y Segismunda con unas viejas y famosas coplas que dicen: ‘Puesto ya el pie en el estribo, / con las ansias de la muerte, / gran señor, ésta te escribo, / pues partir no puedo vivo’, antes de decirnos que ‘el tiempo es breve, las ansias crecen, las esperanzas menguan y, con todo esto, llevo la vida sobre el deseo que tengo de vivir’, como escribió un año antes de morir.

Uno puede imaginar que una cosa es lo que decimos —o escribimos— y otra, lo que estamos pensando, de tal manera que se dificulta el juicio y por eso, no podemos saber si para esas alturas de su vida sigue siendo el mismo caballero que conocimos en su primera salida urgido por ‘la falta que hacía en el mundo su tardanza, según eran los agravios que pensaba deshacer, tuertos que enderezar, sinrazones que enmendar y abusos que mejorar y deudas que satisfacer’ o si volvió a ser quien era antes.

Por eso estamos encantados de poder seguir, paso a paso, todas y cada una de sus aventuras, como si fuesen las propias, aunque diferentes, como aquella ocasión que se nos ocurrió enderezar algunos tuertos y salvar a la doncella de la locura de su casa llevándola volando a Friburgo en Brisgovia, aunque ya embarazada, para refugiarse en la casa que daba a la calle de la Selva Negra donde ese otro caballero, que se creyó andante, caminaba entre los bosques dándole de vueltas a eso que tenía que ver con el tiempo, el origen y el destino del hombre en general y de sus andanzas en particular.

Pero don Quijote, aparentemente cuerdo, llega de vuelta a su casa y hace su testamento después de ‘un desmayo para tenderse largo a largo, en la cama… Andaba la casa alborotada, pero, con todo comía la sobrina, brindaba el ama y se regocijaba Sancho Panza, que esto del heredar algo borra o templa en el heredero la memoria de la pena…’

Por eso vamos a ver cómo es que Margit encuentra solución a esa duda, cuando leemos cómo trataba de calmarlos asegurando que ‘he sido loco y ya soy cuerdo; fui don Quijote de la Mancha y soy ahora, como he dicho, Alonso Quijano el Bueno.’

En verdad, ¿habrá muerto cuerdo el de la Triste Figura?