sábado, 13 de febrero de 2016

Guadalajara, cuna de artistas

Ciudad de México, sábado 13 de febrero, 2016.— 

La semana pasada estaba en su apogeo la ZONA MACO, la feria de arte más importante en México, donde pude volver a ver algunas de las obras de artistas tapatíos, entre ellos, las de Francisco Ugarte y Gonzalo Lebrija que confirman la fama que tiene Guadalajara de ser la cuna de artistas. Hace un siglo, el prestigio lo crearon gente como José Clemente Orozco, el gran muralista quien, al mismo tiempo fue capaz de hacer el retrato más tierno que recuerdo haber visto como era el de su madre, una viejecita apacible como lo vi hace siglos en la que era su casa. Otro artista de ese siglo fue Jesús ‘Chucho’ Reyes con sus gallos, ángeles y cristos en papeles de China y su afán de coleccionista de objetos de arte, así como a Juan Soriano de quien admiro, entre todas sus pinturas, el retrato de ‘Nacho’ Bernal y Sofía Verea, su esposa y que, al final de su vida hizo esculturas monumentales plenas de sentido del humor, así como en estos días podemos ver en la Casa Luis Barragán, esa autorretrato de Roberto Montenegro en una esfera. Por todo esto, la balanza del arte se inclina hacia el Occidente.

Los Paisajes literarios de Francisco Ugarte me volvieron a sorprender una vez más los recortes de algunas páginas de la novela El Extranjero de Camus a las que ha subrayado sus ‘paisajes literarios’, por ejemplo este: Sobre las colinas que separan a Marengo del mar, el cielo estaba arrebolado. Y el viento traía olor de sal, para irlas colocando, una al lado de la otra antes de enmarcarlas y que nos hace pensar en el respeto del artista visual por la literatura y en el papel del lector-espectador que muestra el artista que separa esos paisajes que va encontrando para convertirlos visualmente en una obra de arte hecha con palabras impresas, para que seamos nosotros los que admiremos lo que el autor describe y que sería imposible hacerlo de otra manera.

Hace tiempo admiro a Ugarte por su ingenio y por la calidad de eso que produce, como en este caso, los paisajes en Argel entre el desierto y el mar tomadas de la obra clave de Camus que leímos en Guadalajara en los 50’s altos junto con Enrique Martínez Negrete en donde no sé si pudimos descubrir entonces que había sido el sol y el calor del verano por lo que le disparó más de un balazo al árabe y recordar lo que decía en su celda cuando aprendió a recordar, cuando no me aburrí en absoluto y salía de un rincón para volver detallando mentalmente todo lo que encontraba en el camino.

Sus paisajes literarios interiores. Tal vez por eso, ahora trato de recordar el recorrido que hice en ZONA MACO para detallar el árbol bellísimo que pintó María Sada en dos caras de un tronco o la marina azul cielo inocente de Joy Laville o la selva oscura como la de Dante, hecha por Jan Hendrix como si fuera esa oscuridad de nuestro pasado, todo esto bajo el techo de la GAM, antes de pasar a ver una galería de Berlín con un edificio plegado como cortina y dos fotografías reveladas en franjas que, torcidas, podíamos ver dos edificios en una pieza.

Hubiese esperado el paso de los pájaros y el encuentro de las nubes…, pudo haber subrayado Ugarte para que recordemos a Meursault que no lo condenaron por asesinar al árabe, sino por no haber llorado en el entierro de su madre, provocando todos estos recuerdos mientras recorría esos pasillos del arte.