sábado, 12 de marzo de 2016

El soborno y la corrupción en la caída de los imperios

Ciudad de México, sábado 12 de marzo, 2016.— 

La destrucción del imperio de Thomas Cole, 1836.

Si el soborno y la corrupción fueron dos de los hechos principales que determinaron la caída del Imperio Roman como lo aseguraba Edward Gibbon, entonces, hay que tomar nota de esas dos variables tal como sucede en España, Brasil y México, entre otros países, pues tal parece que son la causa de la decadencia de las sociedades, tal como concluye este hombre que se dedicó doce años de su vida al estudio de La decadencia y caída del Imperio Romano.

Cuando trato de entender la realidad y ésta me rebasa, me acuerdo de lo que decía Tito Monterroso: «Si quieres entender lo que está pasando hoy en día, hay que leer a Gibbon» y, si a esa recomendación le agregamos la de Bertrand Russell que les sugería a los jóvenes que se apegaran a los hechos porque ‘es lo único que hay que considerar antes de opinar’, entonces, podremos saber, como lo olfateó un guardia de Hamlet en Elsinore que algo estaba podrido en Dinamarca.

Gibbon ordenó y valoró los hechos de varios siglos para escribir lo que sería la primera historia moderna. He intentado leer su obra primero en la versión original, luego en español con la edición de Turner y, finalmente, en ésta que ha sido abreviada por Dero A. Saunders, publicada en Alba Editorial en Barcelona, España en el 2000, pero en ningún casos lo he terminado. Tal vez, esos seis volúmenes escritos entre 1776 y 1788 son más de lo que necesito para entender que provocó la caída del Imperio Romano.

‘Hay una gran cantidad de hechos —dice Gibbon— y, entre todos, son pocos los que podemos reconocer que influyen y tienen un impacto directo a lo largo del sistema que están conectados para que podamos reconocerlos, pues son esos que ponen en movimiento los resortes de la acción.’
En las primera páginas trata de ese período feliz de más de ocho décadas en donde ‘la virtud y las habilidades de Nerva, Trajano, Adriano y los dos Antoninos dirigieron con talento la administración pública para dar principio a ese ciclo de la prosperidad del imperio’. Más adelante, también marca con claridad el inicio de la caída después de la muerte de Marco Aurelio Antonino (año 180 d.C.) con esos hechos que fueron los que provocan la decadencia y caída en esa transformación ‘que se recordará siempre, tal como lo perciben las naciones de la Tierra.’

Charles Fox, un estadista inglés de la oposición en los tiempos de Gibbon en el siglo XVIII, lo criticó diciendo que si bien describía cómo el soborno y la corrupción fueron los que acabaron con el Imperio Romano y sus opiniones manifiestan el principio de esa caída, entonces, ¿por qué su conducta es una muestra de esas mismas circunstancias?’ Fox —el inglés del XVIII, no el de Guanajuato—, acusaba a Gibbon de haber aceptado recibir 750 libras anuales como miembro de la Junta de Comercio y Plantaciones, un hecho que claramente era parte de la misma corrupción que señalaba. Como quien dice, ‘le dio agua de su propio chocolate’ y, en este caso, el chocolate era el Imperio Británico.

 Hay que aprender a distinguir los hechos que marcan la diferencia en medio del caos de los sucesos que llegan mezclados y que hay que filtrar y separar para detectar los que realmente marcan la caída y decadencia de una sociedad.

Sin duda, Gibbon es una buena fuente para aprender a reconocer esas variables que en nuestro tiempo nos dan ese sabor amargo con el que nos despertamos.