sábado, 4 de junio de 2016

De cómo son en realidad las cosas

Ciudad de México, sábado 4 de junio, 2016.— 

La Primavera de Botticelli.
Al final del torbellino medieval, entre el Cisma de 1378 a 1417 cuando el papado se convirtió en un campo de batalla y una lucha por el poder, una vez que habían regresado a Roma desde Aviñón y la Santa Inquisición quemaba y juzgaba públicamente a quien buscara cualquier cosa que no estuviera en los libros sagrados, acusando a Galileo de apoyar esa locura de que la Tierra no era el centro del Universo, entre todo esto, Stephen Greenblatt nos cuenta cómo fue que Poggio Bracciolini (1380-1459) descubrió el libro con el poema De rerum natura de Lucrecio (siglo I a.C.) que resultó ser uno de los catalizadores del cambio cultural ‘que marca el origen de la vida y el pensamiento modernos’, para que el mundo girara hacia una nueva dirección (swerve) y tomara un nuevo rumbo, sin que su descubrimiento fuese algo espectacular pero que bien cala de manera insospechada.

Poggio era un hombre de corta estatura, genial y despierto que un día invernal y con cuarenta años cogió de la biblioteca del monasterio de Fulda en Alemania, un viejo manuscrito mismo que mandó copiar de inmediato a uno de sus conocidos. Ese mismo buscador de libros, sin pretender nada, ni darse cuenta de ello, se convirtió en ‘la partera del mundo moderno’.

Detrás de estas historias, que nos recuerdan de alguna manera a Umberto Eco y su famoso libro El nombre de la rosa (1980), nos enteramos del mundo alrededor del año 1427, así como de la detención y el encarcelamiento de los papas, de la quema de algunos hombres considerados herejes y de la gran explosión que se dio a finales de ese siglo por el interés cultural genuino por las obras de la antigüedad pagana. Se trataba del Renacimiento.

Esta es la historia que cuenta Stephen Greenblatt en The Swerve o El Giro y de cómo un manuscrito olvidado contribuyó a crear el mundo moderno, (Crítica, 2015) para volver a descubrir la obra de Lucrecio, esa que dicen ese ‘una oración por la paz y un tributo a Epicuro’ (371-270 a.C.) que enseña grandes cosas y rompe los lazos de la superstición que tanto oprimían el ánimo. Ahora entiendo —y reclamo— por qué escondieron esa obra en la escuela pues resulta que nos pudo haber abierto los ojos para ver las cosas tal como son, sin lugar alguno al fanatismo.

La Primavera de Botticelli estuvo inspirada en la obra de Lucrecio. Es ella la que acompaña a Venus mientras sigue los pasos de Céfiro y la madre Flora alfombra el camino derramando los brotes que lleva entre los pliegues de su vestido. Esta obra estuvo basada en De rerum natura o De la naturaleza de las cosas (Editorial Porrúa, Sepan Cuantos No. 485, México, 2000), con el fragmento del ardiente himno a la diosa del amor, cuya llegada en la primavera, disipa las nubes, inunda el cielo de luz y llena el mundo entero con su impetuoso deseo.

Dice Lucrecio:
Primero te presagian, ¡oh diosa!, y anuncian tu llegada los pájaros del aire, atravesados sus corazones por tu fuerza; luego las manadas salvajes brincan sobre los alegres pastos y cruzan a nado los rápidos torrentes: hasta tal punto cautivos de tu encanto te siguen donde quieras llevarlos…

Esta obra estuvo perdida por siglos escondida por los supersticiosos que trataron de borrarla, pero, la perseverancia y el amor a los libros de Poggio hico que la copiaran para que se reprodujera como las flores en la Primavera desde ese año de 1427 sin saber que sería la fuente de inspiración para muchos artistas del Renacimiento en su búsqueda ‘para saber las cosas tal como son.’