Atrapados por los nazis

Ciudad de México, sábado 13 de agosto, 2016.— 

Richard Strauss a los 52 años de edad.
No podía estar en mejores manos La colaboración, una obra de Ronald Harwood (1934-) escrita en el 2008 por el mismo autor de El vestidor, (1983) y El pianista (2002). La trama de esta reciente obra se desarrolla alrededor del libreto que escribió el novelista Stefan Zweig (1881-1942) para que Richard Strauss (1864-1949) compusiera la ópera Die schweigsame Frau (La mujer silenciosa), una ópera que fue estrenada en 1934, cuando Hitler tenía dos años en el poder y, por supuesto, perseguía a los judíos, como persiguió al mismo Zweig, al tiempo que el compositor era amenazado por los Nazis para que colaborara con ellos o su nuera y sus dos nietos judíos, estarían en peligro.

Imaginaba a un Strauss diferente: viejo y enjuto, serio y carismático como puede ser un hombre importante a los 70 años de edad. Tenía otra idea de él, con una personalidad diferente a la que se presenta en la obra. Efectivamente era un compositor en busca de un libretista desde que había muerto Hugo von Hofmannsthal (1874-1929) con quien había trabajado varias óperas: Electra (1908), El caballero de la rosa (1910) y Ariadna en Naxos (1912), entre otras.

No entendí por qué el ritmo con el que hablaba frau Strauss se parece tanto a la insoportable lentitud con la que habla Silvia Lemus en Tratos y retratos en su programa del Canal 22. Por eso la primera parte se estira como si sucediera en cámara lenta.

También imaginé, es fácil hacerlo desde la butaca, que podrían eliminar la circularidad de algunos diálogos donde se repite la conversación más de una vez con casi las mismas palabras y si además, eliminaran la escena en donde toman té frau Strauss y Lotte, entonces, la obra podría presentarse en un solo acto, a un ritmo que nos hubiera llevado en crescendo hasta el gran final, trágico y dramático: trágico, por el suicido de Zweig y Lotte en Brasil donde habían emigrado como ‘judíos errantes’ en donde el escritor se imaginó estar en un callejón sin salida, donde el suicidio era la única salida; dramático, cuando vemos a Strauss desecho por el dolor de esa pérdida y la culpa de no haber podido hacer algo por su amigo Zweig.

Hay un oscuro pero efectivo sentido del humor, más de ellos que de ellas, aunque la dureza de frau Strauss resultó ser cómica. Al final dice Zweig: ‘recuerda qué bella es la música, sí qué bella es sobre todo cuando se termina y nos quedamos por fin en silencio.’

Y luego cuenta otras anécdotas relacionadas con sus libros, como en el caso de la decapitación de Ana Bolena en donde ella le exige al Arzobispo de Canterbury que le narre, paso por paso, lo que le va a pasar hasta que le corten la cabeza…

—¿Y luego? —le preguntaba con ansias antes de imaginar su cabeza rodando por el suelo o cayendo en la canasta. Quiere saber todo y qué le pasa después de que la espada o el hacha haya caído:

—¿Y luego? —le volvió a preguntar al Arzobispo y éste se quedó callado. Entonces, ella misma se contestó…

—¿Y luego?… seré más sabia que usted…

La semana pasada terminó la temporada de La colaboración  traducida y dirigida por Sergio Vela con la Compañía Nacional de Teatro en Coyoacán quien cuidó de todos los detalles y la actuación de Juan Carlos Remolina como Strauss; Renata Ramos como frau Strauss; Diego Jáuregui como Zweig, Mariana Gajá como Lotte, la secretaria y amante del escritor, así como, Andrés Weiss como el Nazi, Hans Hinkel y, Ricardo Leal como Adolph, el coordinador del estreno de esa ópera en 1934 a quien luego corrieron por agregar el nombre del libretista judío en el programa de mano.

Ojalá pronto salga de gira y la puedan ver en Guadalajara.