sábado, 6 de agosto de 2016

La samba también es cultura

Ciudad de México, sábado 6 de agosto, 2016.—

La samba, el ritmo preferido en Brasil y en las olimpiadas.
Con cerca de dos mil eventos culturales y artísticos presentados en ochenta diferentes escenarios con más de diez mil exponentes de diversas regiones del Brasil, los espectáculos se presentarán en teatros y plazas en algunas de las trescientas veintinueve ciudades brasileñas por las que pasó la antorcha olímpica, tal como nos reportan los medios aunque no han trasmitido ninguno.

Así han dado inicio las olimpiadas culturales en Brasil al tiempo que ha empezado la deportiva y, en medio de toda clase de dificultades, seguro se ha hecho o se hará presente el baile y la música popular para que, parafraseando a Monsiváis, podamos decir que la samba también es cultura.

Vamos a disfrutar de esos deportistas que llegaron a competir, pues de eso se tratan las Olimpiadas, como bien decía Pierre de Coubertin (1863-1937) en 1896 cuando organizó las primeras olimpiadas modernas, tratando de recuperar el proyecto clásico, incluyendo las competencias literarias y artísticas con medallas tan válidas como las deportivas, como nos enteramos en la revista de agosto de El País el miércoles pasado, en donde Coubertin consiguió el primer lugar en los premios literarios participando con un seudónimo y su Oda al deporte.

Horacio (60 a.C.) ya sabía lo que significaba competir y, por eso escribió en su Arte poética esto: El que ahora se esfuerza por llegar corriendo hasta la meta deseada, sufrió mucho de niño, entrenó mucho, sudó, se quedó frío y se privó de Venus y de vinos, como lo rescató Juan Antonio González en ese artículo.

Para que se den un quemón del talento literario en Brasil, este fragmento del cuento La tercera orilla del río de Joao Gimarães Rosa (1908-1967) que empieza de esta manera:

«Nuestro padre era hombre cumplidor, de orden, positivo; y así había sido desde muy joven y aún de niño, según me testimoniaron diversas personas sensatas, cuando les pedí información. De lo que yo mismo me acuerdo, él no parecía más raro ni más triste que otros conocidos nuestros. Sólo tranquilo. Nuestra madre era quien gobernaba y peleaba a diario con nosotros —mi hermana, mi hermano y yo. Pero sucedió que, cierto día, nuestro padre mandó hacerse una canoa..

Olimpiadas culturales las hubo en México en 1968 y en Inglaterra en el 2012, cuando organizaron el Shakespeare Festival invitando a treinta y seis países para poner en El Globo de Londres sus obras que se grabaron para que las pudiéramos ver en la red. México participó con Enrique IV, Primera Parte y, en ese mismo año, estuvimos a un clic de distancia, como si estuviéramos parados entre los «mosqueteros» resistiendo la lluvia del verano, para ver entre otras obras ‘Medida por medida’, con la compañía Vakhtangov de Moscú, donde enfatizaron el abuso de poder.

Luego, vimos dos versiones de Romeo y Julieta: la del Grupo Galpao de Portugal, un largo fado cantado por y para los enamorados que nos contaban su vida con una música melodiosa y festiva, combinando las artes circenses, la gimnasia y el buen humor —muchas veces despiadado—, mientras escuchábamos los sonetos de Julieta en ese ‘español deshuesado’, como decía mi tía Luisita. La otra, más oscura, como la de la compañía de Teatro de Badgad —donde sólo pudimos ver un tráiler— en un Irak destruido por los odios entre los Sunni y los Shía, como en Verona, entre los Capuleto y los Montesco. Recuerdo a El mercader de Venecia con el grupo Habima de Israel, que dejó claro de qué lado estaba a la hora del juicio de Shylock y los mercaderes, cuando éste cayó en las garras de la veneciana Porcia disfrazada de litigante.

Los medios no han mostrado nada de la olimpiada cultural pero domina en Brasil la samba que, como decía Monsivais del mambo, también es cultura. ¿O no?