sábado, 22 de octubre de 2016

El filósofo declara en Barcelona

Ciudad de México a 22 de octubre, 2016.-

Antonio Castro con el filósofo y su esposa en Barcelona.
Antonio Castro vuelve a dirigir El filósofo declara, la obra de Juan Villoro para que ahora se estrene en el Teatro Romea de Barcelona. Es una obra que trata sobre la vida de dos compañeros de la escuela y amigos en donde uno de ellos se dedica a la filosofía y el otro, no —como el alcalde de San Juan de los Lagos que decía: Los que tengan perros que los amarren y los que no, ¡no!

Desde Barcelona, Antonio nos dice que el estreno está a tiro de piedra y que sólo le quedan dos ensayos más para que el martes 25 sea el gran día. Como siempre, los ánimos se exaltan y la adrenalina comienza hacer de las suyas, pero, la verdad, ha sido una experiencia fantástica.

En la obra, Juan Villoro narra el duelo entre estos compañeros de estudios, para enterarnos de sus desafíos y fatigas de la vida porque uno de ellos no se ha apartado de sus ideales y el otro, se ha entregado a la vida banal como puede ser la política. A pesar de las reclamaciones, están más unidos de lo que parece.

La esposa del filósofo es la bisagra sobre la que gira la reunión en su casa, pues los conoce bien y sabe que se encuentra entre la espada tensa de su marido y el encanto y desfachatez de su amigo. En medio de todo esto, aparece la sobrina para ser testigo de cargo.

La vimos hace años en el teatro de Santa Catalina en Coyoacán con un reparto de primera: Arturo Ríos como el filósofo y Pilar Ixquic Mata, como la esposa. En ese entonces, el maestro Luis Villoro vivía y no sabíamos cómo iba a reaccionar frente a este espejo: nada, la disfrutó y se reía de algunas escenas.

Dice Juan que siempre le ha intrigado saber cuándo veré por última vez a una persona. El filósofo declara parte de esa encrucijada dramática cuando los dos amigos se encuentran para una confrontación… entre los dos viejos amigos que, sin querer, juzgan los caminos de sus vidas en varias etapas, como esas que dicen son las de la borrachera que empieza por el saludo formal y los tragos de bienvenida, seguido de otros más; se brincan, la etapa del cante y baile regional, para llegar a las reclamaciones cuando, ¿te acuerdas de aquella vez que competimos con la misma? o la manera en la que abandonó sus ideales y, a partir de este momento, va subiendo el tono, pues uno cree que ha traicionado sus ideales y el otro no lo toma de esa manera ahora que están en la casa con la mujer del filósofo y una de sus alumnas, resulta ser la culpable de esos cambios de vida.

Es probable, aunque no lo declaran abiertamente, que hayan compartido amores y, a pesar de lo difícil que es juzgar la vida del otro, sobre todo si la comparamos en lugar de contrastarla y permitir que haya tolerancia y que no importe tanto que cada quien haya sido como fue sin que tenga nada que ver con haberse traicionado o con los ideales o con la frivolidad de la vida, en lugar de asumir la pesadez de la duda existencial.

El peor enemigo es uno mismo, como sucede tantas veces. Más si la relación depende de alguien que es un neurótico que no se da cuenta que “ya todo pasó” y que lo que discuten no tiene remedio pues les queda poco tiempo como para gastarlo en infiernitos.

Estas son los límites de la obra que dirige ahora en Barcelona y con este buen sabor de boca, aunque no somos filósofos, declaramos que tanto Antonio Castro como Juan Villoro… ¡tengan el mayor de los éxitos!