¿Caerá la espada de Damocles?

Ciudad de México, sábado 5 de noviembre, 2016.—

La espada amenaza en medio de la fiesta de Sicilia.

Cuando nos sentimos amenazados pensamos tener la espada de Damocles encima de nuestra cabeza, como Horacio en sus Odas: ‘para aquel que ve una espada desenvainada sobre su impía cabeza, los festines de Sicilia ya no tendrán ese sabor y el canto de los pájaros y los acordes de la cítara no le devolverán el sueño, ese que no se desprecia en las humildes viviendas, ni en la umbrosa ribera, ni bajo las enramadas de Tempe acariciadas por los vientos’.

Así nos sentimos a tres días de que se defina el próximo Presidente de EU y, por eso, como la reina Sicilia, en medio de las fiesta pensamos que nos puede caer la espada que amenaza y nos quieta el sueño.

Es filosa y nos tiene nerviosos además de que todo lo que estamos viendo que tal parece es muestra de la decadencia de ese imperio, al tiempo que deseamos haya otro Edward Gibbon que nos pudiera trazar, tal como lo hizo puntual en La decadencia y caída del Imperio Romano, cuando los ‘emperadores’ los subastaban la Guardia Pretoriana, como fue el caso de Dido Juliano en el 193 quien fue el que hizo la mejor oferta para ese puesto… ¡dioses del Averno!

Así fue como el Imperio desapareció en el 476 para que inicie la Edad Media durante los siguientes mil años, hasta la caída del Imperio Romano de Oriente en 1453 o, como aseguran otros expertos, cuando Cristóbal Colón escuchó el 12 de octubre de 1492 al que estaba en el trinquete (no el que ustedes conocen, sino tal le dicen al primer palo en la proa) anunciando: ¡Tierra a la vista!

Mil años pasaron en medio de las tinieblas en donde no se sabe si los romanos habían deseado pasar por una acogedora oscuridad, esperando a los bárbaros como Beckett nos lo recuerda después ‘Esperando a Godot’.

—¿Qué esperamos agrupados en el Foro?
— Que lleguen los bárbaros.
—¿Por qué está inactivo el Senado y los senadores no legislan?
—Porque hoy llegan los bárbaros.
—¿Qué leyes votarán los senadores?
—Cuando los bárbaros lleguen, impondrán su ley

Una cita Rafael Reig en Señales de humo (Tusquets, 2016) para que tomemos nota cuando la mayoría puede estar esperando que llegue ‘el bárbaro del Norte’.

La sensación es parecida y el mal sabor de boca que nos dejan los ataques, las mentiras y las ofensas personales en los debates, en lugar de las propuestas constructivas. Se han dado con todo: infidelidades, mentiras y correos. Cómo extrañamos aquellos tiempos cuando había principios y valores.

También los españoles se preguntaron lo mismo con los moros y como dice Reig, se preguntaban: ¿qué deseaba más en España: la fantasía de los nobles godos, ociosos e ignorantes o esos ocho siglos de los musulmanes cultos?

La vergüenza ajena, el ‘mu’ cuando vemos en el escenario que hacen el ridículo y vociferan para esconder la carroña que cargan tratando de ocultarla y que nos deja insomnes, con miedo de que se desbarranquen los frágiles puentes que han sido suficientes para progresar en medio de esa libertad —amenazada ahora por la corrupción y el crimen organizado—, de la que todavía gozamos, conscientes de haber avanzado en poco más de un siglo, sumando esfuerzos y manteniendo el deseo de perpetuar la libertad individual —como proponía Stuart Mills— protegiéndola de la intromisión de los gobiernos o de las fuerzas sociales o religiosas, porque nadie tiene derecho a meterse en nuestro espacio privado, impidiéndonos u obligándonos a actuar en cierto sentido, aunque prometan hacerlo por nuestro bien o para procurarnos la felicidad.

¿Seguirá la fiesta de Sicilia o caerá la espada de Damocles para arruinar lo que hasta ahora hemos logrado, aunque esté pegado con alfileres? La suerte está echada. Esperemos los resultados.