Bajo la bóveda celeste

Ciudad de México, a 1 de enero, 2017.-

Bajo la bóveda el lago de Cuitzeo seco en esta temporada.
No estaría nada mal, empezar mañana el año nuevo con el pie derecho, tratando de entender las cosas como son para actuar en consecuencia, en caso que persista esta realidad envenenada por la corrupción de algunos gobernantes, permitida en tiempo real como si fuese organizada por el crimen organizado, además de la caída de la espada de Damocles allende la frontera Norte y el terrorismo de la mano de esos 'ismos', como el nacionalismo, el racismo o la xenofobia y, de ser posible, acabar con las supersticiones que desestabilizan la vida y solo confunden desde aquel día que el hommo prehistórico y jefe de la manada declaró que 'el espíritu del león nos protege' y alguien talló en un colmillo la cabeza del león y cuerpo de hombre, haciendo el primer tótem con poderes sobrenaturales, convirtiendo 'lo imaginario en real' para permitir que vivamos con tantas supercherías y poderes mágicos.

Algo hemos librado, gracias a los avances en la ciencia combatiendo las supersticiones que desnudan a los poderes reales, tal como sucedía en el siglo I a.C. cuando actuaban después de interpretar los intestinos de las aves o hacerle caso a las respuestas de los oráculos y, no hace mucho cuando la bruja le decía a 'Martita' en Los Pinos los pronósticos del día anulando así, la capacidad de gobernar cuando en realidad lo que domina a los supersticiosos es el miedo a los dioses, a la tierra, al mar, al aire, al cielo, a la oscuridad, a la luz, a las estrellas, al silencio y hasta sus propios sueños, como aseguraba Plutarco.

Cuando leí De la naturaleza de las cosas de Lucrecio, (Editorial Porrúa, "Sepan Cuantos" 485, en la versión del abate Marchena de 1791), como ya lo había comentado, me impresionó la manera como logra explicar, de manera clara y poética, cómo era la naturaleza de las cosas comenzando de esta manera:

Engendradora del romano pueblo, placer de hombres y dioses, alma Venus; debajo de la bóveda celeste, por donde giran los astros resbalando, has poblado el mar que lleva naves y las tierras fructíferas y fecundas...

Y, más adelante, compartir con este poeta lo que pensaba para evitar el origen del bélico tumulto y para que las fatigas de la espantosa guerra se suspendan... y, aunque piensen que son lecciones de impiedad, son todo lo contrario, pues bien sabemos que las acciones execrables y malvadas siempre son provocadas por el fanatismo.

Los romanos de esa época vivían bajo la férula de los presagios y de la superstición como aquel idus de marzo del 44 a.C., cuando Calpurnia, la esposa de Julio César, trató de convencerlo para que no fuera al Senado:

- ¿Qué no ves todo lo que está pasando? Ya sabes que no me gustan los presagios, sin embargo, los de hoy me tienen aterrada. ¿Sabes lo que vio la guardia nocturna? Una leona pariendo en la calle, varias tumbas que se abrieron y vomitaron a sus muertos, así como a esos fieros guerreros en las nubes que lloviznado sangre sobre el Capitolio, además del fragor de la lucha que retumbaba por los aires y se oía relinchar a los caballos, gemir a los moribundos y que algunos espectros chillaban y daban alaridos por las calles. Cosas insólitas que nos llenan de espanto como si fuesen mensajes de los dioses.

Lucrecio, explicó la naturaleza de las cosas en ese poema que estuvo perdido hasta el siglo XV, cuando encontraron un ejemplar en el Monasterio de Fulda que, seguramente, 'lo habían perdido' porque había logrado liberar a los mortales del opresor miedo a los dioses, el temor a la muerte y el pánico de la vida futura.