Contra Uno


Ciudad de México, sábado 21 de enero, 2017.— El viernes desde temprano, nos pusimos a buscar en los cielos invernales de la ciudad de Washington, D.C., alguna señal que pudiéramos interpretar para poder predecir el futuro, como lo hacían los oráculos en la antigüedad durante todavía la República en el 44 a.C., cuando todo indicaba que ese día Julio César no debería ir al Senado. No pudimos encontrar señal alguna para saber por dónde irían las cosas, una vez que se diera el cambio de estafeta en la Presidencia de los Estados Unidos de Norteamérica.

Tratamos de otear los alrededores de donde se llevaría a cabo la ceremonia para imaginarnos la distancia que tendría que cubrir algún francotirador, como fue Lee Harvey Oswald (1939-1963) antes de acabar con la vida del presidente Kennedy. Lo que es el mundo de la fantasía, dando de vueltas para desahogar aquello que se ha venido acumulando desde el día que este individuo ganó las elecciones, sin entender cómo había sido posible que un país desarrollado como ese, hubiera decidido ‘jugársela’ con un racista, inculto, prepotente, misógino que tiene una visión tan corta que no ve nada ni por el espejo retrovisor, menos por dónde debería de ir en el largo plazo, fuera de llevar a cabo sus obsesiones que las tiene claras como el agua, creyendo que de esa manera va a mejorar la calidad de vida de esa sociedad levantando un muro para restringir más la entrada de los inmigrantes indeseables, violadores y demás, tal como lo ha declarado, sin proponer otros planes y alternativas—como en Canadá— de contrataciones temporales, entre otros.

Traté de encontrar algo en La psicología de masas de Freud pero no había nada que me indicara la razón por la que una sociedad toma una decisión a favor de un individuo así, hasta que el jueves Lucina Clement me mandó un artículo de Pedro García Cuartango, director de El Mundo, en donde tal parece que el Discurso de la servidumbre voluntaria, también llamado Contra Uno del joven Étienne de la Boétie (1530-1563), explica de alguna manera este tipo de sucesos en la sociedad. ‘es un texto genial y corrosivo contra el absolutismo y la tiranía, cuestionando la capacidad y el deseo humano de vivir en libertad frente al poder’, en donde dice esto:

«¿Qué título le daremos a la suerte fatal que agobia a la humanidad? ¿Por qué desgracia o por qué vicio, y vicio desgraciado, vemos a un sinnúmero de hombres, no obedientes, sino serviles, no gobernados, sino tiranizados; sin poseer en propiedad ni bienes, ni padres, ni hijos, ni siquiera su propia existencia? Sufriendo los saqueos, las torpezas y las crueldades, no de un ejército enemigo, ni de una legión de bárbaros, contra los cuales hubiera que arriesgar la sangre y la vida, sino de Uno solo, que no es ni un Hércules ni Sansón sino un hombrecillo, que con frecuencia es el más cobarde y afeminado de la nación, que sin haber visto el polvo de las batallas, ni haber siquiera lidiado en los torneos, aspira nada menos que a gobernar a los hombres por la fuerza… ¿Llamaremos cobardes a esos que se han dejado envilecer?...»

El que ese hombrecillo haya tomado el poder, dicen en Europa donde todavía recuerdan el Holocausto, que los norteamericanos han caído en manos de alguien que puede convertirse —como Julio César pretendía hacerlo—, en un especie de dictador que se brinca las trancas constitucionales para hacer lo que se le de su regalada gana, en donde sus habitantes se han convertido en ‘serviles’ de un peligroso Bufón.

En fin, ese día no encontramos señales en el cielo, pero sí en las calles, en donde miles de mujeres y otros grupos llegaron para manifestar su oposición a ese hombre que, en lugar de unir a una sociedad, lo que ha logrado desde el ‘Día 0’ es dividirla esperando que tengan manera de defender lo que hasta ahora han ganado.