Abril es el mes más cruel...

Ciudad de México, sábado 1º de abril, 2017.—

Fiona Shaw declamando Tierra baldía de T.S. Eliot.
Abril es el mes más cruel, hace brotar lilas en la tierra muerta, confunde la memoria y el deseo, revive a las rudas raíces con la lluvia de la primavera…, así empieza Tierra baldía de T.S. Eliot (1888-1965) publicado en 1922 y dedicado a Robert Sencourt, su amigo muerto en la Primera Guerra Mundial.

Todo en este poema es extraordinario, febril, mutante, insólito, casi un bosque irreal, casi otro mundo habitable, como anunciando algo que está por venir y de lo que sólo él tiene la clave…, dijo de este poema Antonio Lucas en El Mundo.

Como hoy inicia el mes de abril lo conecté con este poema en donde T.S. Eliot nos asegura que es el más cruel de todos y, de pasada, nos pone contra la pared, inmovilizados, entre la punta de los sentimientos encontrados de la divina primavera y la renovación de la vida y la peste que se produce cuando se pudren las lilas con la lluvia o los cadáveres en las trincheras en esa tierra estéril.

Nada como la versión de Fiona Show en uno de los libros que merece llamarse ‘digital’ (Touch Press Inc., que se compra como App sólo para iPad), en donde han colocado todo lo que usted puede imaginarse de este poema: la narración la he disfrutado muchas veces porque puede uno oírla y, al mismo tiempo, seguir el texto marcado azul conforme va declamando o, si queremos, sólo escuchamos el poema leído por el autor o por otros poetas; o ver que es lo que dicen frente a la cámara varios expertos , además de ver las páginas originales con las correcciones, incluyendo las propuestas de Ezra Pound en ese viaje extraordinario al que dio dirección y sentido después de que Eliot le pasó el manuscrito para su bendición y aquel le devolvió el poema cribado, para dejarlo en la esencial expedición que hoy conocemos, como escribió Lucas.

Si leemos el poema parece que vamos caminando entre varios sucesos desde la infancia, como el día que los sorprendió una fina lluvia en el parque Hofgarten de Munich y mejor se metieron a tomar un café hasta que alguien, su madre o la institutriz, les llama la atención en alemán: ¡No hablen ruso, van a creer que somos lituanos; sólo alemán!, antes de seguir recordando sus paseos en trineo durante el invierno y nosotros vamos avanzando de la mano del poema en el tiempo y el espacio.

Se acuerda de la niña a la que le llevó unos jacintos y, por eso, le decían la niña de los jacintos. De pronto, cambia de humor y ya no se acuerda de nada se ha quedado deslumbrado: le duele la llaga y nos dice que se quedó mirando el silencio desde el corazón de la luz.

Luego aparece Madame Sosotris, la famosa vidente que ese día tenía catarro y, por eso, habría que leerlo mormados, tal como lo hace Fiona Show con buen humor. La famosa vidente dice que el ahogado Marino Fenicio (perlas son lo que antes fueron sus ojos, y así nos enteramos que Eliot había leído La tempestad de Shakespeare porque cita la escena en donde Ariel le canta a Ferdinando, el príncipe de Nápoles, antes de encontrarse con Miranda, pues estaba dolido por la posible muerte de su padre y, para consolarlo, le canta: A cinco brazas de aquí yace el cuerpo de tu padre, corales son ya sus huesos, perlas sus ojos. Todo él en mar se ha transformado y es todo hermoso, y es todo extraño. Ariel desea que el Príncipe sólo recuerde lo bueno de su padre, pues, perlas son sus ojos y todo en él es hermoso y extraño.

Y así seguimos a trote por esa tierra estéril en este abril el más cruel, porque hace brotar lilas en la tierra muerta