sábado, 17 de junio de 2017

Salir en busca del tiempo perdido

Ciudad de México, sábado 17 de junio, 2017.—
 
Partitura-gráfica-poética de Arnaldo Coen.

Cuando en la apacible y silenciosa meditación salgo en busca del tiempo perdido, suspiro al recordar tantas cosas anheladas y, con esos viejos dolores, lamento perder el tiempo…, así empieza el Soneto 30 de Shakespeare que viene a cuento ahora que he escuchado, entendido y disfrutado, después de haberla conocido hace cuarenta años, Jaula, esa creación gráfica de Arnaldo Coen (1940-) y musical de Mario Lavista (1943-) en donde, el primero construye una partitura-gráfica que hace años me explicó en detalle, mientras que Lavista compuso una obra en homenaje a John Cage (1912-1992) el compositor norteamericano que usaba el azar para determinar sus notas, ritmos y silencios, que bien conocieron cuando vino a México en 1964 y los tres hicieron clic, para luego regalarle la obra gráfica y musical para piano-arreglado en cuatro notas: C (Do), A (La), G (Sol) y E (Mi), CAGE, como su nombre lo indica. 

La semana pasada Mario la interpretó como parte de una de las actividades de la exposición Arnaldo Coen: reflejo de lo invisible que montaron en la Galería Sur de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) de Xochimilco, en donde pudimos ver, entre otras piezas, una versión de la partitura-gráfica y, en este caso, también poética con textos de Francisco Serrano que fueron el escenario para la presentación del libro de Celia Fanjul Peña, Arnaldo Coen: donde empieza el silencio en el espacio tiempo, una tesis de maestría convertida en libro, con muchas y variadas interpretaciones de la obra de Arnaldo.

¿Dónde empieza el silencio? —se pregunta Eduardo Matos en el catálogo de la exposición y Arnaldo contesta: el silencio comienza donde se entretejen tiempo, espacio, forma y color. Sólo le faltó un ingrediente que únicamente nos puede dar un artista verdadero: genialidad.

El arte puede servir de terapia, como en este caso cuando salgo en busca del tiempo perdido, entretejido en el espacio por la obra de Coen y, en el tiempo con la obra musical de Lavista que es un fluir continuo, entrecortado por algunos silencios. 

La reunión empezó con la interpretación de Jaula mientras gozaba de esa explosión creativa de los dos artistas tanto en la obra musical como en la gráfica pues como escribió Andrés de Luna: sólo ahora, pasados los años y con otros bagajes de experiencia pueden verse los cuadros de Coen ligados a una cuestión musical. ¿Quién podría abolir los sonidos que están en la cabeza de un pintor ligado por vía materna a la música?

Las notas destempladas por ese piano-arreglado nos ofrecieron ritmos que recuerdan las percusiones orientales, golpeteos que se suceden entre breves espacios como si fueran el respiro de un caminar agitado por un laberinto para tomarnos, de tiempo en tiempo, un instante para saber a dónde vamos o si no hemos regresado donde hemos estado hace tiempo.

Los cubos de Coen (en su más pura estructura ósea) se pueden desplegar en sesenta y cuatro piezas como las mutaciones del I Ching que Cage usaba para inspirarse en el azar como podía ser el resultado de este hexagrama que pudo salir un día cualquiera, indicándole que… “cuando el agua esté por encima del fuego después de la consumación, el noble debe reflexionar sobre la desgracia para que se arme contra ella por anticipado” y con esto, Cage pudo haber tomado la sugerencia para incluirla, musicalmente hablando, para que fuese parte de su obra.

Ese día pude ver en acción a Coen y Lavista, desplegando su inteligencia y su galanura: el primero, con sus obras plástico-musicales alucinantes y, el segundo, improvisando ritmos con las cuatro notas intervenidas de CAGE y, los dos, sin perder el sentido del humor que los caracteriza, envueltos por la manta de sus obras que nos hacen un guiño que sonreímos como si fuéramos cómplices y que seamos nosotros los que improvisamos y completamos sus obras para que así perduren y se renueven.

sábado, 10 de junio de 2017

Entender el 'fenómeno Trump' entre otras cosas

Ciudad de México, sábado 10 de junio, 2017.— 

Paisaje de la calla de la Selva Negra en Friburg, i.Br., Alemania.
Dos grandes relatos ha escrito Yuval Noah Harari, profesor de historia de la Universidad Hebrea de Jerusalén como si fuesen dos extensas fotografías de la historia del hombre: con el primer relato conocimos el pasado prehistórico que tituló De animales a dioses (Debate, 2014), del que escribí una nota el 23.01.2015 que la pueden ver en Juego de espejos; el segundo relato es una visión para asomarnos al futuro, del que ya somos parte titulado Homo Deus (Debate, 2016), en donde hay dos capítulos que me han llamado la atención: con el primero pude entender el ‘fenómeno Trump’ a partir de la ‘realidad intersubjetiv", como lo explica Harari con otros ejemplos; con el capítulo de "La revolución humanista”, pude conectar eso que había experimentado desde que era joven, como fue ese proceso gradual de cambio interior que nos lleva de la ignorancia al esclarecimiento para que, desde entonces, tomara las riendas de la vida.

Harari describe las tres realidades que conocemos: la objetiva, esa que existe independientemente de nuestras creencias y sentimientos; la subjetiva, que depende de nuestras creencias y sentimientos personales y, por último, esa otra que me sirvió para entender varios fenómenos sociales una vez que define la realidad intersubjetiva, esa que depende de la comunicación que hay entre muchos seres humanos y no tanto en las creencias y sentimientos individuales. Cita como ejemplo, cuando Zeus y Hera eran dos poderes importantes el la vida del Mediterráneo y cómo es que, actualmente, carecen de toda autoridad porque nadie cree en ellos.

La realidad intersubjetiva existe pues, cuando creemos en lo que mucha otra gente asegura que existe, hasta que se convierte en algo creíble solo porque esos que nos rodean aseguran que es cierto, y forman una red en la que podemos quedar atrapados —como moscas en la telaraña—, pues, lo que dicen adquiere sentido si muchas personas entretejen esa red común de historias.

Imagino que los que forman estas redes se pueden convertir en fanáticos, esos seres apasionados y desmedidamente tenaces, sin sentido del humor que estás seguros que lo suyo es la verdad absoluta. Si entendemos esta realidad podemos entender el ‘fenómeno Trump’ y sus millones seguidores que creen todo lo que dice —aunque sean mentiras o verdades fuera de contexto— y que han formado una red en donde creen en lo que inventó su vocera como la falacia de una ‘realidad alternativa’.

También en este libro describe lo que es el humanismo moderno tal como lo que proponía von Humboldt (1769-1859) cuando aseguraba que sólo hay una cumbre en la vida: el medir las cosas a través del sentimiento de todo lo que es humano y, a partir de este razonamiento, Harari nos explica esa manera de ver la vida, y lo que es ese proceso gradual de cambio interior que nos lleva de la ignorancia al esclarecimiento, a través de la experiencia, sobretodo si hemos desarrollado una cierta sensibilidad de tal manera que le hayamos prestado atención a las sensaciones, emociones y pensamientos que fluyen de nuestro interior para hacerlos una parte importante de nuestra vida.

Cómo si hubiese sido ayer, tuve una especie de Epifanía uno de esos días cuando salía a caminar en 1964 por la calle de la Selva Negra en Freiburg, i.Br., Alemania, para escuchar ese pensamiento interior en donde me quedó claro que lo que uno hacía dependía de uno mismo y de las circunstancias y, con este pensamiento, pude tocar fondo. Desde entonces, tomo sólo en cuenta la fuente de conocimiento que surge de nuestro interior en forma de sensaciones, emociones y pensamientos para integrarlas y convertirlas en una autoridad máxima.

Hoy en día, las novelas, las películas y los poemas giran alrededor de los sentimientos porque, lo que más nos interesa, es lo que sentimos y lo que pasa dentro de nosotros… lo demás, es lo de menos.

sábado, 3 de junio de 2017

La pesadilla de la realidad intersubjetiva

Ciudad de México, sábado 3 de junio, 2017.— 


Por fin encontré una explicación para entender algunos de los fenómenos sociales en la historia del hombre y en la actualidad. Está en el capítulo “La chispa humana” (pp. 118-173) del libro Homo Deus, (Debate, 2017) de Yuval Noah Harari, en donde habla de las tres realidades que existen: la objetiva, es decir, esa que nadie puede debatir; la subjetiva, que depende de las creencias y sentimientos personales y, esta otra que es la clave para entender lo que sucede como fenómeno social: se llama ‘realidad intersubjetiva’ en donde creemos que algo existe porque son muchos que nos rodean los que creen que eso es cierto, sin importar las creencias ni sentimientos individuales.

Cuando todos los que están a nuestro alrededor y algunos más creen en algo, entonces podemos caer en esa red —como las moscas en una tela de araña— para creer algo que puede ser irreal, pero que asumimos como si fuera verdadera, aunque sólo es el resultado de la creencia de muchos.

Los que forman esta red se pueden convertir en fanáticos, como esos que son apasionados y desmedidamente tenaces, que carecen de sentido del humor porque creen que lo suyo es la verdad absoluta. Este tipo de realidad intersubjetiva la vemos ahora en acción con los seguidores de Trump que aceptan como si fuera una realidad lo que dice y le creen a Trump que, desde un principio definió su ‘realidad alternativa’ y son incapaces de aceptar que haya otros escenarios, pues si no están con ellos, están en su contra.

En su discurso, por demás comentado en donde se retira del Acuerdo de París, está lleno de falsas verdades y realidades subjetivas, como lo que dice Trump: “algunos de los países que han firmado el Acuerdo de París, se ríen de nosotros” y, uno se pregunta, ¿cómo se atreve a decir esto como si fuese una realidad objetiva, de dónde lo saca?, y le agrega, que “los que han firmado ese Acuerdo quieren abusar de ellos y ganarles mercado” porque cree que eso del calentamiento global es un invento de los chinos. ¿Lo pueden creer? Pues muchos lo creen y esos muchos han formado una red con esa realidad intersubjetiva que lo creen a pie juntillas.

Mientras escuchamos esto en tiempo real, nos preguntamos si se dará cuenta de lo que está diciendo, pues se comporta peor que los periodistas a los que les ha declarado la guerra como en esta paráfrasis con lo que decía Sor Juana a propósito de los hombres necios que acusáis a la mujer sin razón, sin ver que sois la ocasión de lo mismo que culpáis… 

Me ha costado trabajo entender cómo en ese país hay 62.9 millones de personas que votaron por este enfermo mental con un trastorno de personalidad narcisista, y se han convertido en fanáticos de un ser objetivamente ignorante, mentiroso, pagado de sí mismo, de muy corta visión que no ve nada más allá que su ego, como lo ha demostrado en los pocos meses encumbrado en el poder. 

Crea una realidad intersubjetiva cuando muchos de sus seguidores republicanos creen que lo que dice Trump es cierto aunque lo diga de una manera simple como una verdad a medias o simplemente falsa, incapaces de ver la realidad objetiva y ahora, sin importarles que potencialmente puede destruir el planeta Tierra. 

Les pasa igual que les pasó a los alemanes incapaces de ver la realidad real de lo que decía Hitler o, el Papa, en tiempos de las cruzadas en donde garantizaba que aquel que perdiera la vida se iba directo al cielo, como sus enemigos los musulmanes. 

Efectivamente, lo que creen muchos, les puede parecer que es cierto y que tiene sentido y de esta manera se va entretejiendo la red de historias que luego forman un bucle que se perpetúa a sí mismo —como dice Hariri.

Los pliegues de la historia están formados por esas realidades intersubjetivas y, por eso, “estudiar historia —dice Harari— implica contemplar cómo es que estas redes se tejen y se destejen para comprender que lo que en una época a la gente le parece lo más importante de su vida, se vuelve completamente absurdo para sus descendientes”.