Los Suspiros de Aurora Suárez

Ciudad de México, jueves 31 de agosto, 2017. - 

Aurora Suárez ahora sobre una pieza de stoneware.
Carlos Payán recordó cómo fue la primera vez que vio trabajando a Aurora Suárez cuando con el barro iba construyendo unas casas de adobe. Más tarde, la vida con Hugo X. Velásquez, quien trajo a México la técnica del stoneware, la puso en contacto con este otro barro que, 'al calor del infierno, se vuelve piedra y, al toque divino del hombre, objeto para mirar, usar y admirar.'

Trabajé con Aurora a finales de los años setentas en varios proyectos, uno de ellos en Guadalajara con el grupo GVA del arquitecto Jaime Gómez Vázquez Aldana, antes de trabajar varios años, a capa y espada, en la revista Ciencia y desarrollo del Conacyt de tan feliz recuerdo y que pronto aparecerá como Fe de erratas en la vida de un editor (Bon Art, Bonilla y Artigas Editores, 2017), autobiografía de mis años como editor en la década de los 80's.

Ahora expone algunos Suspiros en la exposición con la obra reciente de Aurora en el Museo de la Ciudad de Cuernavaca, a un lado del Jardín Borda: "los suspiros son leves, frágiles y fugaces. Muchas veces no sabemos a qué sentimiento van unidos. Las piezas de porcelana que aquí los representan traen consigo esa levedad, fragilidad y fugacidad del momento en que se forman. Contienen elementos vegetales que, con el fuego, se convierten en pequeñas texturas etéreas que, con un suspiro, podrían desaparecer", y con esta idea Aurora trabajó varias piezas que nos muestra y que estuvo trabajado durante dos o tres años además de mostrarnos una nueva técnica que le ha permitido trasponer a la cerámica de alta temperatura fotografías, en este caso, familiares, para que queden en la superficie de la cerámica de alta temperatura una especie de imagen espectral, como si fueran oníricas:

-Sí, esa que está ahí soy yo de joven -me aclaraba Aurora mostrando esa obra cuando era una joven arquitecta, antes de diseñadora y ceramista con una obra que nos han gustado desde siempre como la que tenemos en casa: dos murales, uno en la terraza y otro en la recámara, más otras piezas de ella y de Hugo en la sala y en la biblioteca-comedor, obras que ahora agregamos un 'Suspiro', como los podemos hacer cuando recordamos a los que se han ido.

María Luisa Puga contó en La cerámica de Hugo X. Velásquez: cuando rinde el horno (Martín Casillas Editores, 1983), libro que este año estará disponible en versión digital, cómo es que conoció a Hugo en una cena en Cuernavaca:

-Viene fulano, zutano y mengano, un ceramista -me habían dicho. Era en la casa de Martín, el editor de este libro, quien había explicado que íbamos a ver las transparencias de un mural recién hecho por el ceramista ahora que quería ampliar el catálogo de su editorial con una serie fuera de Colección. Era, el ceramista, la estrella de la noche. Veríamos sus transparencias y fue ahí que le oí contar una anécdota de su época en Nueva York. La nostalgia. Todo estaba presente. De cerámica no sabía nada antes de escribir este libro y dudo que sepa más ahora, pero descubrí lo que es el amor a un oficio. Quise ver su taller y, al día siguiente fui. Se discutía cómo se haría el libro y qué contendría. De repente propuse: yo lo escribo.

Para esta exposición Aurora ha reproducido, entre otras piezas, el retrato de Hugo recostado en un árbol en su taller en Cuernavaca. Cuando lo reconocí, me vino toda esa época cuando tomábamos café y nos imaginábamos toda clase de proyectos, pero nunca como ahora que se ha renovado con la cerámica hecha de suspiros, frágiles como los recuerdos, que ahora quedan plasmados en la superficie craquelada por el tiempo y el calor de la alta temperatura.