La mosca en la sopa

Ciudad de México, sábado 17 de marzo, 2018. – 

El Estadio de la Chivas en Guadalajara.

Un día le preguntaron a Guillermo del Toro si le iba al América y antes que nada, respondió: ‘¡Ni madres!’ Él le va al Atlas y, por eso, la semana pasada cuando llegó al estadio de las Chivas invitado por Jorge Vergara, los fanáticos le organizaron una rechifla. Como la mosca en la sopa de su viaje a Guadalajara, no supe cuál fue su reacción: si les sonrió y les contestó con el caracol correspondiente o qué. No importa. 

Después de ver esto en la TV, me puse a revisar mis apuntes sobre el fanatismo: “no conozco a ningún fanático que tenga sentido del humor” dice Amos Oz En contra del fanatismo (Siruela, 2010) y ahora en Queridos fanáticos (Siruela, 2018), tal como lo pudimos comprobar en el 2015 cuando la revista Charlie Hebdo publicó una caricatura del profeta Mahoma y no tardaron en llegar los fanáticos para matar a los artistas gritando: ‘¡Alá es el más grande!’

Existe el humor grueso e hiperrealista de los que se ríen de los defectos ajenos, pero hay uno que es fino y surrealista como el que se ríe de sí mismo, por eso digo que no hay que confiar en aquellos que no tengan este sentido humor, ni aguanten que se les haga una broma sobre el tema de su fanatismo, pues son cerrados, solemnes, prepotentes, forrados de vanidad con la que desprecian al resto del mundo, sin poder aceptar que cada quien es y piensa como quiera, sin que por eso les demos una rechifla o balazos.

El abanico del fanatismo va desde el fútbol, pasando por los partidos políticos (ya saben ustedes cuál) y las religiones y, sin que admitan diferencias, ni pluralidad alguna, tratan de obligar al resto del mundo a que sean como ellos. Su equipo o lo que sea es intocable.

Amos Oz nació en Jerusalén y es experto en este tema. Con mucha gracias nos cuenta cómo su abuela Shlomit le explicaba la diferencia entre los judíos y cristianos: “los cristianos creen que el Mesías ya estuvo aquí y que algún día volverá a nosotros. Y nosotros, los judíos creemos que el Mesías aún no ha venido. Esta diferencia ha traído al mundo odio e ira, persecución o a la Inquisición, pero, ¿por qué?, ¿por qué no nos ponemos de acuerdo y esperamos con paciencia a ver qué ocurre? Si el Mesías llega un día y dice: ‘me da mucho gusto volver a verlos’, entonces, los judíos tendrá que reconocer su error. Pero si dice: ‘encantado de conocerlos’, el mundo cristiano tendrá que disculparse con los judíos. Pero, ¿por qué no, hasta la llegada del Mesías, podemos vivir y dejar vivir a los demás?”

La abuela bien conocía el secreto de vivir en un mundo abierto, así como, la magia y el placer que hay en la diversidad y la riqueza que implica vivir con personas con creencias diferentes y costumbres distintas –dice Amos Oz.

El que tiene sentido del humor se puede reír de sí mismo y si esto es posible, entonces se inmunizan al fanatismo. Por eso habría que crear pastillas con píldoras humorísticas para dárselas a los fanáticos, sin importar que con eso, gane el Nobel de Medicina y no el de Literatura –dice Amos Oz, riéndose de sí mismo.

El fanatismo parece que es ‘el gen del mal’ que impide la autocrítica, el intercambio de ideas y de principios, actuando casi siempre, contra víctimas inocentes con cierta alevosía y ventaja.

Guillermo del Toro vino a Guadalajara, su casa, para compartir el éxito que ha tenido, dar Clases Magistrales, inaugurar una sala de cine con su nombre en el CAE, ofrecer becas a cineastas y, de pasada, desayunar un menudo en el mercado de Santa Teresa, pero, no se esperaba una rechifla de los fanáticos. 

¿Sería la mosca en la sopa?