Ver el mundo de manera diferente

Ciudad de México, sábado 9 de junio, 2018.-

Damián Ortega revisando una de sus obras.

Este libro pretende hacerle justicia a la singularidad del camino trazado por Damián Ortega (1967-). Por ello, apuesta a la multiplicidad y al antagonismo, dice Luciano Concheiro compilador del libro Damián Ortega. Módulos de construcción. Textos críticos (FCE, 2018) que la semana pasada se presentó. Son cuarenta y cuatro textos críticos alrededor de la obra de este artista que ha llegado a la cumbre en los museos y galerías de arte del mundo, gracias a su ingenio, oficio y sentido del humor de alguien que sabe que lo más interesante (casi siempre) surge de lo inesperado, como ha sucedido en varias de sus obras. 

Hace un par de meses en el Museo Carrillo Gil vimos el cuarto de una casita con sus paredes empapeladas con un bosque a colores, mientras caía agua a unos baldes de plástico por varias goteras del techo. Al ver eso, sentimos la angustia producto de esa situación: era una obra de Damián cómplices de su sentido del humor (negro), con el que vemos las cosas de otra manera.

El libro se presentó en una sala anexa al Salón Covadonga donde los parroquianos juegan dominó en medio del vocerío y se hizo a través de una platica entre Jis, el monero, Damián Ortega y Diego Rabasa, moderador de esta conversa irreverente y divertida en donde Jis le reclamó a Damián por qué había dejado de ser monero y antes que le contestara le dijo que prefería que no se lo dijera para no deprimirse.

Buena parte de la obra de Ortega reflexiona sobre la vivienda en la mega ciudad –como explica E.C. Gogolar en Modulo de construcción con tortillas (1998)–, en donde hizo unas ranuras en tortillas fritas para construir una torre que ilustra la portada del libro.

Las buenas piezas –dice Damián– te permiten entender de otra manera lo que ya existe, como rescata Juan Villoro en su texto Cómo desarmar el mundo.

Vamos a ver si con este libro aprendo algo más del arte contemporáneo que tanto trabajo me ha costado entender, tal vez, por ser de una generación en donde los criterios para apreciar las obras de arte tenían que ver más con la estética, el equilibrio de las formas y la armonía de los colores y, de ser posible, ver en ellas algo que nos puede complementar nuestras deficiencias, sueños o deseos o para imaginar la historia, como ese retrato de Ingres de Francesca da Rimini, cuando Paolo la besa y abandonan la lectura.

Conozco a Damián desde niño, era compañero de mis hijos en la escuela Kairos, la vanguardia de las escuelas activas de los 70’s, creada por Alejandro Chao, Cristina Stupignan, Lorenza Fernández del Valle, madre de mis hijos y ‘Chona’ Stupignan, madre de Damián que veía a su hijo que se la pasaba dibujando todo el tiempo.

El arte contemporáneo propone una forma diferente de ver el mundo, me dijo un día Patrick Charpenel y desde entonces, trato de verlo de esa manera tratando de entender eso que proponen los artistas.

Gabriel Kuri escribe un especie de diccionario en donde define ‘parodia’ como la práctica del sentido del humor y ejercicio de la ética con el deseo de ver una mejora en el objeto criticado, sin denunciarlo con odio, sino como un acto de reivindicación. Damián es el amo de la parodia y así nos permite descubrir otra forma de ver las cosas.

Kuri también define ‘viernes (1987-1990)’ como la verdadera escuela de D.O. tuvo lugar los viernes de taller, bajo el tenaz ejemplo de Gabriel Orozco y al lado de Abraham Cruzvillegas, Gabriel Kuri y Dr. Lakra y con esto me imagino los otros ‘viernes’ de algunos artistas tapatíos como Gonzalo Lebrija, Francisco Ugarte, Fernando Palomar y Jose Dávila, también estrellas del arte contemporáneo a nivel internacional como lo es Damián Ortega y todo este conjunto de obras que ojalá nos permitan ver el mundo de manera diferente.