La importancia del azar y la memoria involuntaria

Ciudad de México, sábado 11 de mayo, 2019.–

Como las playas de Balbec en Normandía.

“Lo que es un recuerdo de vida para el narrador, se va convirtiendo para el lector en un recuerdo de lectura –vida, escritura y lectura replegadas en la búsqueda del tiempo perdido y en el sentido de la vida, porque también la lectura es un tiempo recobrado, un sentido redescubierto”, dice Luz Aurora Pimentel en Cuadros color de tiempo, (Bonilla Artigas, UNAM, 2019), una obra que nos permite volver a visitar lo leído en los siete tomos En busca del tiempo perdido de Proust.

Los ensayos tocan fondo y cubren los principales temas de la obra, de tal manera que volvemos a oler el perfume y saborear el paso del tiempo tal como lo registramos en nuestra memoria, pues, “cuando nada subsiste ya de un pasado antiguo, cuando han muerto los seres y se han derrumbado las cosas, solos, más frágiles, más vivos, más inmateriales, más persistentes y más fieles que nunca, el olor y el sabor perduran mucho más, y recuerdan, y aguardan, y esperan, sobre las ruinas de todo, y soportan sin doblegarse en su impalpable gotita, el edificio enorme del recuerdo...”, como decía Proust a propósito de lo que experimentó el día que mojó la magdalena en el té de tila que le ofreció su madre una tarde que hacia frío en París: “esa experiencia es un modelo, un verdadero algoritmo formado por el éxtasis y la revelación” –como enfatiza Luz Aurora.

Proust tenía dos cualidades para construir su obra: tenía una memoria impresionante y fue un buen cronista de la sociedad parisina. Esas dos facultades innatas le funcionaban siempre y cuando las expresara bajo estas tres reglas: uno, cuando los encuentros eran fortuitos, “pues del azar depende que nos encontremos antes de que nos llegue la muerte, o que no lo encontremos nunca”; dos, que se realicen en contra de nuestras costumbres: “mi madre, viendo que tenía frío, me propuso que tomara, en contra de mi costumbre, una taza de té” y, por último, que tengamos un estado de ánimo parecido al del peregrino desprevenido que no espera nada “porque a veces, en el momento en que todo nos parece perdido, llega la señal que nos puede salvar”, como nos ha pasado varias veces.

En esta otra lectura de la obra de Proust encontramos algunas grandes verdades como ésta, cuando dice que se acaba el amor como si llegara la muerte: “cuando pasados los años encontramos a las mujeres que ya no amamos, ¿no está la muerte entre ellas y nosotros, lo mismo que si ya no fueran de este mundo, porque el hecho de que nuestro amor no exista, las convierte en muertas a las que eran entonces o en muerto al que éramos nosotros?”

Luz Aurora propone que la lectura de Proust la hagamos tal como la escribió: “seleccionando un pasaje, una frase, una imagen o una metáfora para armar, poco a poco, nuestra propia Recherche”, una búsqueda, una investigación hecha con los fragmentos del vitral que ilumina la catedral que exploramos.

Ejemplos de la importancia del azar y la memoria involuntaria: cuando el narrador sopea la magdalena; cuando Swann desprevenido, oye la frase de la sonata de Vinteuil y se le viene encima el drama de su amante; cuando regresa a Balbec y, sin venir a cuento, se acuerda de su abuela y, finalmente, llora su muerte; cuando ve la portada de la novela François le Champi y le regresa el dolor de la infancia cuando su madre le leyó esa novela de Georges Sand.

“El tiempo se fuga, se pierde en el pasado pero no se evade irremediablemente: lo recobramos al azar de manera involuntaria y, por un instante, nos podemos concebir fuera del tiempo en una probadita de la eternidad”, como sugiere Luz Aurora.

Con estos ensayos hemos hecho un nuevo peregrinaje por los diferentes tiempos, en donde, hemos tenido nuevas revelaciones que le vuelven a dar sentido a la vida y, sobretodo, al oficio de lector-escritor.

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Publicado en El Informador de Guadalajara el 11.5.19.

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